Tribuna abierta

Somos carne de la Historia

20.02.2016 | 02:20

D ecían las sagradas escrituras: El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Pero, desde entonces, la realidad cotidiana nos viene demostrando que su aplicación es distinta para los ricos que para los pobres, o para los corruptos de los que no lo son tanto, o nada, a derecha y a izquierda.

La deuda financiera es un verbo que viene habitando repetidamente en nuestras carnes. Los altavoces de Bruselas no tienen ojos para ver el encarnizamiento de sus feroces y crueles mandamientos en la población más frágil de nuestros campos y ciudades. Hay miles y millones de damnificados que recuerdan al protagonista de la película El Renacido de Alejandro González Iñárritu, con esa parte que más duele, los hijos y la familia.

También esa maldita y recurrente desigualdad se muestra en nuestra literatura más sabia y deslumbrante, que seguimos conmemorando en este 2016 con Cervantes. Por ejemplo, en el capítulo XVII de la nueva versión recomendable de Andrés Gª Trapiello, don Quijote convida a Sancho a comer en una venta y cuando el ventero le pide que pague, nuestro hidalgo se niega en razón de su clase social y se marcha en su Rocinante, dejando a Sancho con la deuda, que paga casi mortalmente al ser manteado en el patio del lugar. Parece claro que el caballero don Quijote puso el verbo y Sancho, su escudero, la carne.

Otra conmemoración este año es para un gobernante que lo fue por privilegio de sangre familiar, Carlos III, pero que benefició al país para siempre en muchas cosas, por ejemplo dejando entrar en España la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert; la obra francesa revolucionaria frente a los poderes más crueles del momento (recreada por Pérez-Reverte Gutiérrez en Hombres buenos), y también por proclamar una Real Cédula (18 marzo 1783) para que el trabajo manual dejara de ser una afrenta social y, así, una gran parte de la población del país pudiera salir de su pobreza "honrada", al tener tierras y unas buenas manos desocupadas.

Otro mérito de Carlos de Borbón y su Consejo de Castilla fue conceder por primera vez en 1771 a un ayuntamiento de Canarias (y de España) el derecho de poder ser elegido por sufragio popular; y que se materializó para Santa Cruz de La Palma en 1773. Pero doscientos cuarenta y tres años después de haber ganado aquel verbo, para una nueva mayoría social por méritos personales frente a unos pocos, por derecho sanguíneo familiar desde la Conquista, tenemos la oportunidad de que, al menos, ese hito ejemplar de acuerdo político y social de Canarias esté presente en la exposición nacional que sobre el citado monarca se está preparando para este próximo otoño en Madrid.
También desde aquí lanzamos la idea inicial de un homenaje insular al que lideró aquel proceso, Anselmo Pérez de Brito, en el 250 aniversario de su muerte prematura, a celebrar en el año 2022, mediante un grupo escultórico o alto relieve, dedicado a él y sus compañeros de aquella lucha democrática ganada con el Pleito de los Regidores Perpetuos.

Además, serviría de recurso útil para ese turismo cultural creciente que busca un relato histórico local, y que por ahora no lo encuentra ni en el sol ni en el mar. La pared sur del atrio del ayuntamiento capitalino podría ser esa otra gran marca histórica, de interés nacional e internacional, y de visita ineludible.

Mientras tanto, el cine, la literatura y el periodismo independiente no dejarán de pasear su espejo libre para denunciar los abusos contra los derechos básicos de cada ser humano, incluyendo su medio ambiente. Tenemos que actualizar las políticas y los políticos para este siglo XXI: en avances contra la desigualdad escondida en el lenguaje, en las relaciones conyugales y de amistad, en las instituciones y organizaciones feudales-por-desiguales que seguimos pagando; en educación para la salud, el trabajo digno, la convivencia y el respeto cultural y religioso, pero recíproco; en una urgente economía nueva que salve nuestro planeta€
Que la sabiduría útil de los clásicos y modernos no se pierda en nuestras maravillosas pantallitas cotidianas. Recordamos aquí, completa, una frase famosa de Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo".

pjcastgar@gmail.com

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