Tribuna abierta

González Ramallo

18.02.2016 | 02:00

E l 27 de enero se me fue mi amigo Marino, conocido con el sobrenombre de Capitán, pues le venía la mentada "graduación militar" de su padre, el ciudadano civil Jacinto Capitán, quien tuviera como coetáneos en la tertulia del Ateneo de La Laguna, entre otros, a Tomás Bravo de Laguna, Manuel García Padrón, Andrés de Lorenzo Cáceres, Juan Núñez y dada la edad de los tertulianos, aquel lugar pasó a ser conocido con el nombre de Llano de los Viejos, paraje situado en pleno laurisilvado monte de Las Mercedes.

El amigo Marino ha partido a ver a su padre biológico, Jacinto y a su otro Padre, éste el espiritual y con mayúscula que es el señor Jesús y fue Marino un hombre cabal, buena persona, serio, trabajador, así como buen futbolista en su equipo lagunero del Estrella, habiéndose casado con su novia de toda la vida, la fiel Chona, habiendo procreado de su unión varios hijos, que a su vez les dieron otros tantos nietos. También tuvo un familiar suyo que en la lucha canaria bregó con el equipo del Hespérides con el nombre de Capitanito, siendo este una obligada referencia al hablar de nuestro vernáculo deporte.

Estudió marino en el Instituto de Canarias, hoy denominado Cabrera Pinto, en la lagunera calle Real o de San Agustín, donde estudiaron en su día los célebres grancanarios Benito Pérez Galdós, escritor, el médico Juan Negrín, que fuera presidente de Gobierno con la Segunda República, así como los tinerfeños Elfidio Alonso Rodríguez, que fuera director del diario ABC en Madrid, aparte de diputado y nuestro flamante ministro Andrés Orozco Batista, padre de Andrés y Miguel Orozco Maffiotte.

El amigo Marino fue nombrado en su día por mi también amigo ausente Francisco Ucelay Sabina, último presidente de la etapa preautonómica canaria, como gerente de la empresa encargada de dotar de mobiliario a todos los colegios públicos de la región, cargo que desempeñó con gran acierto y eficacia.

A su viuda Chona, así como a sus hijos, igual que a su hermana Luisa, casada con mi buen amigo Armando Rivero, manifestarles a todos ellos mi pesar por la pérdida que han sufrido y decirles que con toda el alma les acompaño en la Esperanza. ¡A tus órdenes, mi Capitán!

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