Luz de luna

La maleta de Lezcano

16.02.2016 | 23:39

V ivimos en el desarraigo, obligados a caminar cabizbajos y con las manos en los bolsillos, pero también luchando para poder comer a final de cada día. Las palabras trabajo y dignidad están en boca de todos, una quimera que se diluye y que nos devuelve a una realidad de la que nadie nos habló o más bien que nunca pensamos que nos tocaría. Las historias de nuestros mayores, convertidos a la fuerza en emigrantes al estar sumidos en la pobreza, el analfabetismo y la dependencia total de los poderosos, nos sonaban tan lejanas como imposibles y, a lo sumo, alguna que otra vez aparecían en forma de recuerdos, narrados por ellos mientras lloraban y se aferraban a viejas fotografías en blanco y negro en las que se apreciaba su miseria.

Duele traer al presente esos momentos y para quienes los sufrieron no hay manera alguna de expresar cómo se sobrevivía entonces a base de ropas remendadas; rebañando un plato casi vacío a la luz de una vela, que no era más que un carcelero en medio de la oscuridad; almacenando en la despensa comida llena de gorgojos; venciendo las enfermedades en medio de un dolor tan intenso como el del propio corazón; soportando el desprecio de los que los miraban por encima del hombro y a los que tenían que besar la mano; y esperando cartas de quienes ya no volvieron.

Mi generación se ha columpiado en el materialismo y la ostentación, con una educación basada en el enriquecimiento económico y la competitividad, olvidando la otra parte de aquellas historias en las que esas mismas personas se ayudaban unas a otras como podían porque, dentro de la pobreza, surgía la solidaridad como un vínculo de supervivencia y amistad.

Este año el Día de las Letras Canarias está dedicado a Pedro Lezcano Montalbo (1920-2002), autor del poema La maleta (1982), en el que reflejó, entre otras cosas, ese desarraigo de los canarios, acostumbrados a emigrar por obligación -no por deseo personal- en épocas de crisis con el fin de poder trabajar, y donde demostraba que todo lo rige el dinero y quien lo controla hasta el límite se hacernos sentir inútiles y desplazados en nuestra propia tierra. El fuerte nacionalismo imperante en Canarias desde la Transición en una sociedad más "democrática" contribuyó a divulgar multitud de aspectos de su historia y cultura hasta entonces silenciados por la política centralista del Estado. Por eso, en 1984 Manuel Cardona Sosa lo había ilustrado en un cómic de igual nombre con tanta trascendencia que fue reeditado en 1993, mientras que en 1988 el grupo musical Mestisay grabó un maxi single con el título de ese mismo poema, en el cual recitaba Lezcano, y las voces de Taller Canario de Canción le dieron la vitalidad necesaria en su disco Identidad, musicado por Rogelio Botanz, contribuyendo a esa toma de conciencia de lo que habían sufrido nuestros mayores y lo que también nos estaba pasando en esos momentos bajo la sombra de la implantación de las bases de la OTAN.

Los barcos fantasmas de la emigración se han sustituido por aeropuertos y agencias de trabajo en el extranjero, pero todo sigue igual. Un día cogemos la mochila, la llenamos de tanta esperanza como inseguridad, de preguntas e incertidumbres, con un título universitario que solo es papel mojado, y lágrimas que guardamos a buen recaudo para que afloren cuando nadie nos vea porque, ante todo, debemos ser fuertes y no perder la dignidad. Los que han institucionalizado esta efeméride son los que han provocado la crisis que nos ahoga, pero al final siempre somos nosotros los que nos marchamos y ellos los que se quedan. En los bolsillos guardamos un poco de tierra que tocaremos de vez en cuando para no olvidar de dónde venimos ni a los nuestros porque no queremos convertirnos en unos apátridas ni coger la maleta.

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