Tribuna abierta

Ettore Scola

11.02.2016 | 02:00

Y a no veremos más su escasa barba blanca, de pocos días, ni su poblado cabello cano, sus ojos oscuros y minúsculos tras las gafas no demasiado ofensivas, elegantes, casi adecuadas. El pasado 19 de enero el director, dibujante y guionista italiano Ettore Scola murió en Roma a los ochenta y cuatro años. Nacido el 10 de mayo de 1931 en Trevico, en la universidad romana estudió Derecho hasta que a mediados de los años cincuenta comenzó a escribir guiones de cine. Entre el gran público supongo que será recordado sobre todo por la película Una jornada particular (1977), en mi opinión una obra maestra protagonizada por dos hermosas fieras: Marcello Mastroianni, el eterno Marcello, y la bellísima y desconsolada Sofia Loren, ambos amándose, con gritos fascistas de fondo o bailando una rumba, el día que Hitler visitó la capital italiana. Además de ellos, el director italiano trabajó con otras estrellas del cine lombardo de la calidad de Vittorio Gassman, Monica Vitti, Alberto Sordi, Laura Antonelli, Ugo Tognazzi y Nino Manfredi.

Me gusta Scola, me gusta su ideología de izquierda y su interés artístico y filantrópico por la amistad. Inserto por la crítica en la comedia, es difícil tratar de entender su obra, su proyecto cinematográfico, si no lo relacionamos, por ejemplo, con Dino Risi. Me interesa y me gusta el cine de Scola porque en él quedan proyectados, planteados y nunca definidos los conflictos morales y sociales entre la Macrohistoria y el prójimo: la economía, los grandes poderes y el pequeño y banal individuo. Retratista cuidadoso de la Italia contemporánea, desde los desastres y el terror de la 2ª Guerra Mundial hasta el presente, la mirada irónica del director se posaba minuciosamente sobre sus personajes en los ambientes íntimos donde le gustaba filmarlos, lo que permitía que estuviese muy próximo a ellos y las emociones que encarnaban.

Siempre en la busca de perfiles ignorados o poco conocidos del carácter francés o del italiano, además de Una jornada..., no podría dejar de citar otras películas de su filmografía como Brutos, feos y malos (1976), La Terraza (1980), La noche de Varennes (1982), El baile (1983), La familia (1987), Gente de Roma (2003) y Qué raro que me llame Federico (2013), su último trabajo, título extraído de un verso de García Lorca, que homenajea a uno de los más grandes directores del siglo pasado, Federico Fellini. DEP y gracias, muchas gracias.

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