Tribuna abierta

El nada torpe aliño indumentario

10.02.2016 | 02:00

La política no tiene por qué ser divertida, pero mucho menos aburrida. Los cuatro líderes asistentes a la fiesta de los Goya y acomodados en la misma fila representaban el sábado la fórmula ideal del centroizquierda que sacaría a España del impasse postelectoral con garantías de cambio y equilibrada moderación. Para ello bastaría eliminar alguna línea roja y reducir los vetos recíprocos a mera subespecie tacticista. Un psicólogo especializado en signos externos podría tal vez interpretar su indumentaria como indirecto mensaje. El mejor showman de los cuatro, Pablo Iglesias, vestido de esmoquin con lazo de pajarita, quiso llamar la atención mediática con su proverbial eficacia. El que acude a las audiencias reales con camisas arremangadas eligió la etiqueta rigurosa para un acto lúdico y social.
¿Provocación o eclecticismo y adaptabilidad?

Alberto Garzón, que elude la corbata en los encuentros con el "ciudadano Borbón", llevaba una tan sorprendente como la pajarita de Iglesias. Ni en la Zarzuela, la Moncloa o el Congreso se le había visto hasta ahora de tal guisa, por lo que es evidente que algo quería decir. Pedro Sánchez no apea la corbata ni debajo del agua, pero llevaba la camisa abierta en el foro del cine español, llamando la atención por lo contrario que Iglesias y Garzón. Si a ellos no les preocupaba estentar los signos "burgueses", el líder socialista aprovechó el acto, su gran audiencia y las muchas cámaras para distanciarse de los ornamentos habituales de la burguesía. La única imagen coherente con la personalidad de quien la ostentaba fue la de Albert Rivera: esmoquin y lazo, como Dios manda en el reino de la derecha, incluso la progresista.

Esta reversibilidad de los signos es muy interesante en sí misma y aún más en el análisis de lo que quieren decir. Nada hubo de casual o gratuito en la elección vestimentaria, sino algo así como una valoración previa del acto en sí, tan largo y tedioso como de costumbre pero dirigido a una importante cuota de ciudadanos. ¿Quién no gusta del cine o pasa de los fastos y ceremonias que lo celebran? El "torpe aliño" de Machado, tan buscado en las parroquias de la izquierda política, trocó en sobria elegancia contrastando con la familiaridad intencionada ante el Rey, majestad para algunos y horizontalidad cívica para otros. Aunque sea quimérico, no estaría mal que esa "transversalidad" de los signos diera el fruto de un pacto de mayoría con aceptación leal de las condiciones irrenunciables por las partes, que a lo mejor no lo son tanto. El ideal de más de 200 diputados que evoca el PP no parece excluirse de una alianza de centroizquierda. Las ropas han hablado.

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