Tomando el pulso

¿Ganar o gobernar?

09.02.2016 | 02:00

L a verdad es que la pregunta, como dicen nuestros mayores, "tiene su miga". Una cosa es ganar unas elecciones y otra, quizás mucho más difícil, es gobernar. En un principio, los líderes coinciden en dos mensajes muy claros: "Gobernará la fuerza más votada" y "se tendrá en cuenta la voluntad popular". ¿Por qué al ver los resultados cabe la posibilidad de hacer justo lo contrario? Donde se dijo una cosa, ahora se hace otra y€ así es la vida. Con razón la gente se cansa de ir a votar, considerándolo una pérdida de tiempo y más sabiendo que al final harán lo que quieran, ¡penoso! Hay posibilidades de que gobierne el menos votado, en muchas ocasiones considerado la llave del pacto. ¿Quieres mi apoyo? Pues quiero esto, esto y esto€ si quieres. ¡Cómo cambia el panorama! Son muchos los que no entienden que gobierne una fuerza que no gane. Para formar gobierno hay que dialogar, aportar, proponer y ceder, dependiendo del caso, con la finalidad de conseguir el objetivo, formar un gobierno estable. Hay que tener en cuenta que la Cámara Baja es el Congreso de los Diputados y la Cámara Alta es el Senado, esta última la que tiene la última palabra en la aprobación de las leyes. Por lo tanto, de existir mayoría absoluta de una determinada formación en el Senado, ésta decidirá la aprobación o no de las leyes. Dicho esto, existe un organigrama que es como mínimo, digno de estudio. Primero que nada, tenemos un jefe del Estado por encima de todos, seguimos con el presidente del Gobierno y todo su equipo, senadores que desde el Derecho Romano son los "pensadores", a día de hoy también llamados "cabezas pensantes". Los ministros, sin duda, los más cercanos al presidente, ocupan las diferentes áreas. En el Congreso nos encontramos con los diputados. No olvidemos, dependiendo del caso, los Cabildos con sus consejeros, para muchos más importantes que los propios gobiernos autónomos. Los alcaldes y sus concejales al mando de las Alcaldías y representando a sus ciudadanos. En estos casos se vota más a la persona que a la formación política. Y para el final, el puesto más deseado por todos, el de asesor, que no es un puesto electo pero entra en el organigrama. En fin, con todo lo dicho anteriormente es un rollo ponerlos a todos de acuerdo y más si éstos quieren formar parte del ansiado pastel.

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