Tribuna abierta

Una buena inversión

07.02.2016 | 02:00

C on el Año de la Misericordia que estamos celebrando, el Papa Francisco pide que "el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales€ Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza". (El rostro de la misericordia, 15).

Esta exhortación del Papa encaja perfectamente con el trabajo de Manos Unidas, una organización católica española que trabaja todo el año. Pero, es especialmente en febrero cuando la campaña contra el hambre adquiere su mayor visibilidad. En efecto, el segundo viernes de febrero (este año el día 12) tiene lugar el Día del Ayuno Voluntario. Es un gesto de solidaridad con los que pasan hambre y, al mismo tiempo, lo que ahorramos lo ofrecemos para esta campaña.

También, ese segundo fin de semana de febrero, tiene lugar en las misas de todas las iglesias y capillas la colecta para los proyectos de Manos Unidas. Por otro lado, en los colegios públicos y privados, tiene lugar la campaña de sensibilización de los más jóvenes y, en muchos casos, los alumnos van haciendo sus aportaciones para la campaña contra el hambre. Trabajo encomiable de los profesores que merece nuestro mayor reconocimiento y gratitud.

El lema de este año, Plántale cara al hambre: siembra, hace referencia a algo tan cercano a la experiencia común como es el hecho de la siembra. En la agricultura, para conseguir los frutos deseados, se empieza por sembrar. Pues bien, algo así hay que hacer para erradicar el hambre y la miseria de millones de personas en todo el mundo. Hay que sembrar. ¿Sembrar qué? Todos conocemos el refrán: El que siembra vientos, recoge tempestades.

El Papa Francisco, con su encíclica Laudato si´ nos recuerda que en nuestro planeta todo está conectado y que la desnutrición crónica que sufren 800 millones de personas tiene mucho que ver con un tipo de desarrollo contaminante y derrochador.

¿Cómo es posible que entre el 30 y el 40 por ciento de los alimentos que se producen en todo el mundo vayan a la basura? ¿Cuánto gastamos en cosas superfluas que apenas utilizamos? Es necesario rentabilizar al máximo los recursos que tenemos, haciendo todo lo necesario para que nada se pierda.

Sembrar, para obtener buenos frutos en la erradicación del hambre en el mundo, comienza por mirar cada uno en qué tendríamos que cambiar nuestra forma de vivir. El Papa nos urge a vivir una ecología integral, capaz de acabar con la pobreza y la exclusión, una ecología en la que no se descarte a nadie, que promueva el cuidado de la naturaleza como casa y bien común de todos. Es preciso erradicar el derroche, el despilfarro y la destrucción de unos bienes que son de todos.

Es evidente que, si sembramos los vientos del consumismo, materialismo e indiferencia religiosa, egoísmo, armas, contaminación, derroche de los recursos naturales, etc., el resultado no puede ser otro que las tempestades de la desigualdad, la pobreza, el terrorismo y las guerras, la emigración forzosa, el cambio climático. En definitiva, miseria y sufrimiento de una gran parte de la humanidad. Así sucede, como dice otro refrán, que de aquellos polvos, vienen estos lodos.

Plántale cara al hambre: Siembra, sí. Siembra amor y solidaridad, respeto por la vida y la dignidad de todas las personas, esfuerzo y trabajo responsable, educación integral, conocimiento de Dios, igualdad y justicia, diálogo y consenso, etc. y brotarán los frutos de la fraternidad, el desarrollo para todos, la paz y la concordia, la cooperación entre los pueblos, el servicio y la gratuidad, el cuidado de los más débiles, etc.

Sí. Siembra tu dinero, tu donativo generoso, en los proyectos de solidaridad de Manos Unidas y cosecharás la promoción y el desarrollo de muchas personas que gracias a tu cooperación podrán salir de la miseria, superar sus precarias condiciones de vida y mirar al futuro con esperanza. Personas que al mejorar sus condiciones alimentarias, de salud, de educación, de vivienda, de comunicaciones, etc. se convertirán en protagonistas de su propio desarrollo y el de sus países. ¿Puede haber una inversión más rentable?

Así, de modo invisible pero real, colaborando con Manos Unidas, cumpliremos el deseo del Papa Francisco para este Año de la Misericordia, en referencia a los que viven en la miseria: "Que nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad".

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