Tribuna abierta

MGF o la discriminación extrema de la mujer

06.02.2016 | 00:43

T odavía escucho el sonido de la cuchilla cortando la piel, es tan terrible que se te olvida gritar". Así habla Asha Hussein Ismael, quien con 5 años sufrió la ablación genital femenina. A ella la cosieron con hilo y aguja y dice que con más de 40 años no es capaz de coser ni un botón.
"También lo sufres cuando tienes la regla y, cuando llega el día de tu boda, el hombre te tiene que cortar y acostarse contigo inmediatamente. Te odias a ti misma", detalla Asha quién creó la ONG Salva una niña, salva una generación que desarrolla su actividad en Kenia y Somalia para que las madres jóvenes piensen en sus hijas y no las hagan pasar por la misma situación.

Hoy, 6 de febrero, conmemoramos el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, una fecha para hacer visible una atroz práctica que han sufrido unos 200 millones de mujeres y niñas en todo el mundo, de los que unos 44 millones son niñas de 14 años o menos. La mutilación genital les genera un amplio catálogo de lesiones físicas y psicológicas durante el resto de la vida de aquellas que sobreviven.

La Mutilación Genital Femenina (MGF) es una práctica que implica la alteración, lesión o extirpación de los genitales femeninos por motivos no médicos, y se realiza casi siempre en niñas entre la infancia y la adolescencia.

Internacionalmente es reconocida como una violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres, porque quebranta los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

Aunque la ablación genital femenina se realiza sobre todo en países de África y Oriente Medio, se da asimismo entre las poblaciones emigrantes que viven en otros países del mundo, también en los europeos. La Organización de Naciones Unidas considera que si continúa la tendencia actual, para el año 2030 unos 86 millones de niñas en todo el mundo sufrirán algún tipo de mutilación genital.

La mutilación o ablación genital femenina es una devastadora desigualdad que no tiene justificación religiosa ni cultural pero que está muy arraigada, y supone una discriminación extrema de la mujer. Tal y como apunta Amnistía Internacional, "la mutilación genital femenina es una práctica que identifica la mutilación del cuerpo y la mutilación de los derechos de las mujeres, y con ello su sujeción al colectivo de los varones".

La Asamblea General de la ONU aprobó en diciembre de 1993 la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, que incluye en su artículo 2 "la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer como uno de los actos comprendidos dentro del concepto de violencia contra la mujer".

Como ante cualquier forma de violencia de género, debemos sensibilizarnos, concienciarnos, y actuar colectivamente para erradicar esta práctica. También es fundamental la prevención, la información y la atención a las necesidades de salud de las niñas y mujeres que sufren las irreversibles consecuencias de esta práctica destructiva.

Esta inaceptable costumbre está ligada a la ancestral invisibilidad de las mujeres y a su infravaloración humana y social. Llevamos décadas luchando contra cualquier forma de violencia hacia las mujeres y esta es una de las más despiadadas.

Por ello, en esta conmemoración internacional, insto al conjunto de la ciudadanía a tomar conciencia y mostrar su repulsa contra la mutilación genital femenina que es una alarmante vulneración de los derechos y libertades de millones de niñas y mujeres. Debemos acabar con esta tortura física y psicológica.

Es una tarea ardua pero se puede lograr, como en el caso de Vasthy, una joven keniata de 13 años que cuando se enteró de que su padre preparaba el ritual de la ablación, corrió a decirle a su madre que ella no quería pasar por eso, según cuenta la ONG World Visión. La madre de Vasthy, que había asistido a varias charlas realizadas por esa ONG sobre las consecuencias de la mutilación genital femenina, decidió apoyar a su hija y la ablación no se consumó.

"Si alguien me hubiera hablado de la mutilación genital antes de que me la practicasen no habría ido a buscar a la matrona, habría huido", sostiene Asha Hussein Ismael, quien lamenta no haber tenido cuando era niña información sobre la realidad y consecuencias de la ablación.

Actualmente, la concienciación internacional sobre esta brutal tortura va en aumento. Colaboremos desde nuestros respectivos ámbitos para eliminar totalmente la mutilación genital femenina.

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