Azul y blanco

Siniestra morada

31.01.2016 | 23:26

L os parlamentarios con posibilidades de ser candidatos hacen alarde del nulo sentido de Estado que les invade. La política de altura fue abandonada por todos, que prefirieron, a toda costa, repartirse los puestos, sillas, sillones y ministerios; lejos de dar soluciones que permitan una estabilidad política que aporte sosiego a los mercados económicos y tranquilidad en Europa.

El Partido Popular (PP), aunque no quiera Rajoy, a pesar de que ciego no es, está incapacitado para gobernar. Y lo está por méritos propios. Las penúltimas elecciones, las locales y autonómicas, abrieron las puertas a otros partidos en esas instituciones, que han permitido sacudir alfombras y tirar de mantas. Así, los últimos ocho meses han sido de más calvario aún para un PP en caída libre, que no se aviene a entender que, aunque fuera de forma efímera, puede haber llegado el momento de la izquierda.

Los Jueces, con oxígeno proveniente de las caras nuevas entrantes en las dos últimas elecciones, ven facilitada su tarea de investigación. Han tenido menos problemas en practicar pruebas, o bien éstas les han encontrado a ellos: las confesiones de los culpables, a cambio de penas inferiores negociadas, también han ayudado. La corrupción parece que tiene coto, al menos la Justicia lo intenta; y ahora el cinturón corrupto parece que aprieta a Rita Barberá, hoy senadora; gran peso pesado de los populares valencianos.

Sólo un Partido Popular inteligente es capaz de apreciar oportunidad en esta crisis. Un PP con cabeza aprovecharía un breve "impás" fuera de Moncloa para limpiar su propia mierda que lo dejara en mejores condiciones para un próximo asalto, más propicio; tan pronto como el pacto por la izquierda, necesariamente endeble, quiebre y aboque a todo el hemiciclo a una nueva suerte en las urnas.

También puede esperar a que la izquierda, con Sánchez de peón de propios y morado, pero por doblegado y ya sin cola ninguna, solita se reviente; antes, incluso, de cualquier investidura. Se equivoca. El PP es su propia mayor amenaza.

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