Tribuna abierta

Hacer que las cosas ocurran

30.01.2016 | 23:25

E s más difícil construir que demoler. Para romper algo solo se necesita una maza y la fuerza suficiente como para golpear de forma inclemente una y otra vez hasta el derribo. Para hacer algo es necesario un plan, una estructura, un trabajo colaborativo que reúna el saber de unos y de otros. En los tiempos que vivimos se ha puesto más de moda la destrucción, porque para destruir, en política, solo se requiere de un verbo afilado y ningún compromiso. Y además es mucho más ruidoso mediáticamente. Hacer que las cosas ocurran es más complicado y exige mucho esfuerzo y compromiso.

Cuando en el Cabildo de Tenerife pusimos sobre la mesa las bases generales de un Pacto por Tenerife explicamos que lo que queríamos no era dejar a un lado la política, sino todo lo contrario. El ejercicio político no sólo es el disenso, la diferencia o el enfrentamiento. También es el encuentro, la colaboración y el consenso. Dijimos que queríamos que todos los representantes de Tenerife nos pusiéramos de acuerdo en aquellos grandes asuntos que son vitales para el millón de habitantes de la Isla. Queríamos poner en el espacio del acuerdo los temas estratégicos para no hacer sobre ellos el trabajo de demolición en que acaba a veces la discrepancia entre los representantes de los ciudadanos.

El tiempo nos ha ido dando la razón. Y nosotros hemos intentado demostrar que detrás de ese pacto por Tenerife no hay ninguna intención oculta de obtener rédito político sino un verdadero espíritu de que sea un trabajo de todos, un éxito de todos y un servicio de todos y para todos. Hemos logrado situar en el espacio del entendimiento, por ejemplo, asuntos tan relevantes para Tenerife como el muelle y parque marítimo del Puerto de la Cruz y su papel protagonista para el desarrollo del municipio y de todo el Norte. No es el único proyecto en el que la colaboración de todos ha dado resultados extraordinarios, pero sí es un buen ejemplo de cómo funcionan las cosas cuando diferentes partidos políticos empujan en la misma dirección: las cosas funcionan.

Gran parte de la incertidumbre política que vivimos en estos momentos se debe precisamente a la falta de ese espíritu en la política española. El peor espectáculo que pueden dar los partidos políticos ante los ciudadanos es el de que éstos perciban exclusivamente sus diferencias, sus rivalidades y sus puros intereses electorales. Todos los partidos los tienen -los tenemos- y no son nada extraño, ni perverso. Lo patológico es que se transformen en el único estímulo que nos mueva para comportarnos en la instituciones.

Los órganos de la Administración de la vida pública no son el terreno donde se debe producir el debate político, sino el espacio donde se gestionan los servicios y las soluciones a los problemas de la gente. Si nos perdemos en una cosa nos podemos olvidar de la otra. La política es un medio para un fin, no un fin en sí misma. Y en el Cabildo de Tenerife hay muchos representantes políticos que han hecho suya esta filosofía de trabajar con mentalidad constructiva sin renunciar a la defensa de las visiones particulares de cada ideología.

Cuando en Coalición Canaria algunos hablamos de la necesidad de una especie de ´refundación´ no es otra cosa que la aplicación de ese mismo espíritu. Hay que volver a la gente. Hay que regresar a la idea de saber a quién servimos de verdad, a quien representamos de verdad y para quién trabajamos. La gran cuestión es muy sencilla porque se trata abrir los ojos a la realidad. A veces el debate político, la vida de los partidos, el discurso de unos y de otros, se convierte en una especie de espejismo que tapa la realidad. Un realidad que forman cientos de miles de personas que están esperando por un servicio sanitario, por un puesto de trabajo, por una nueva carretera que le ahorre horas de desplazamiento cada año.

Hoy, que estamos en la lectura de la crispación, de las acusaciones de unos y de otros sobre sillones, sobre dónde colocarse para salir mejor en la foto, sobre formas, líneas rojas y banderas, se vuelve más urgente que nunca reivindicar una política mucho más modesta, menos espectacular, menos ruidosa, de trabajo eficiente para solucionar problemas y destinar recursos públicos a cosa útiles. Construir, aportando cada uno lo mejor de cada visión y cada esfuerzo. Ponernos de acuerdo en el plan. Y después trabajar en ello desde donde nos toque. Esa es la verdadera nueva política que la gente está esperando. Y desde luego es la que necesitan para hacer que las buenas cosas sucedan.

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