Zigurat

Ecos del Medievo

30.01.2016 | 00:59

E l tradicional chiste de: ¡Mañana hablaremos del Gobierno"! no es tan revocable, y es que el gobierno vive casi interinamente en este Estado-Nación, entonces recordar que ha transcurrido buen tiempo de ésta partitocracia y aún no se decide a pactar un definitivo Ejecutivo. Larga cadena de simulacros son los que se suceden. Y es cuando con tanta maestría literaria Vicente Blasco Ibáñez reflejara en su novela La Catedral, esa España profunda, con aroma a humedad y con acre sabor, y cuyas cicatrices son mucho más que meras referencias históricas y esto se puede observar en muchos puntos de su geografía, y Canarias es uno de ellos.

Canarias no escapa a tan medieval eco, que tanto silencio como toca diana. Recordemos, porque debe hacerse que en un Estado-Nación en el cual se abolió, en 1834, la Santa Inquisición, la misma se ha incorporado a su inconsciente colectivo; Cruz Verde cuyas consecuencias padecemos actualmente. Donde con tanto denuedo se cultiva la sospecha y se es tan pródigo en detestar y hasta calumniar, en muchos rincones de esa vetusta España predomina el medievo, me refiero a esa España negra y tullida, abundante en prejuicios y en la cual hoy por hoy tras cierto tiempo no existe un Ejecutivo,y no existe porque predominan ambiciones personalistas como también se pretender que los partidos políticos no sean un medio sino que se constituyan como un fin en sí mismos;sin mencionar a ningún partido político en concreto.

Es más que sabido que algunos de sus dirigentes van pura y simplemente a lo suyo. Donde con ardor, aunque se disimule, crece y abunda la envidia, en ocasiones muy rastreramente, y luego la envidia se disfraza de discrepancia y ésta a su vez de rencor, y es así como la envidia y la discrepancia arriban a la exacta y verosímil condición de rencor, aunque para andar por casa, pero rencor al fin y a la postre. A lo anterior, y sobre todo en algunas personas ubicadas en Canarias, se carece de autoestima y no se posee coraje, tan sólo que "al otro o a la otra le vaya peque muy mal", que es lo que siniestramente en todo momento se desea. Mal del vecino, gozo hasta en el intestino, se podría decir.

Pésima lección la impartida por una clase política, que oficia de oportunista y ambiciosa. No cumplen programas políticos, sólo se aspira a llegar al poder en esta mísera partitocracia. Todo invita a releer La Catedral, que aunque publicada en 1903,su protagonista Gabriel Luna podría corresponderse con muchos disidentes que se oponen decididamente a tanta tan mísera realidad, la actual, ni más ni menos, se vista como se vista y mienta como mienta.

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