Luz de luna

La diputada que amamantaba a su hijo

20.01.2016 | 00:19

La semana pasada se rompió un tópico tanto en la composición del Congreso de los Diputados como en su imagen proyectada hasta entonces en forma de un órgano de representación controlado por políticos institucionalizados que han disociado la realidad en la que vivimos de sus pretensiones y ansias de poder.

Nunca antes se había creado tal expectación por la toma de posesión de sus miembros, solo comparable a la Legislatura Constituyente (1977) en la que se sentaron los diecinueve diputados del Partido Comunista de España-Partido Socialista Unificado de Cataluña, si bien son dos contextos totalmente opuestos porque este último surgió en un duro marco de lucha en la que no había libertad de expresión y sí mucha represión mientras que el actual es fruto de un proceso electoral abierto e influido por la corrupción, el desmantelamiento del estado de bienestar y el cuestionamiento de la propia democracia.

La diputada Carolina Bescana, perteneciente a Podemos, ocupó su escaño acompañada de su hijo, algo inusual en esa Cámara, pero que sirvió para denunciar públicamente que las mujeres no deben ser madres silenciosas, pariendo y quedándose en sus casas para cuidar de su prole y renunciando a desarrollarse profesionalmente, otra muestra de los obstáculos que encuentran para conciliar la vida laboral y la familiar.

Comprendo y apoyo esta decisión, pero no debemos cegarnos ante los comentarios que se hicieron al respecto al ensalzar que estábamos ante una de las máximas expresiones de libertad no vistas anteriormente porque aquí volvió a jugar el marketing gestado en los entresijos de dicha formación, ratificando que nos movemos más con el corazón que con la cabeza. Tal vez sea de los pocos que desconocía que Ángeles Maestro, exdiputada de Izquierda Unida, fue la primera mujer que llevó a su hijo al Hemiciclo, amamantándolo en 1991 en el despacho que le cedió el presidente, Félix Pons, un gesto producto de la ausencia de guarderías en él, lo cual provocó que ella iniciase las gestiones para que se lograra este objetivo, aunque solo se hizo efectivo en 2006.

Hay que respetar la decisión de Bescana, pero desde mi punto de vista se trata de otro paso bien calculado por Podemos para continuar proyectando su imagen de proximidad al pueblo. Se sabía de antemano que muchas miradas estarían pendientes de todo lo que hiciese Pablo Iglesias, sonriendo porque la revolución en este país se hace ahora a través de las redes sociales, en las que una buena imagen vale muchísimo más que seis semanas de trabajo asambleario con distintos colectivos de barrio. El hijo de aquella fue un buen reclamo publicitario y descolocó a gran parte del resto de diputados, acostumbrados al boato de los trajes y peinados como si fueran señoras y señoritos dueños de ese cortijo llamado España en la que otros trabajan mientras ellos dan órdenes.

La maquinaria propagandística había establecido hasta cómo debía actuar el líder de Podemos, mostrando naturalidad para que los medios de comunicación y los teléfonos móviles hiciesen el resto: su ademán levantando en brazos a ese niño mostraba al prototipo de hombre disfrutando de su familia a la vez que constituía un guiño de ojos a la sociedad al indicar que corren vientos de cambios a través de una nueva generación que entiende la política de manera distinta y más participativa reflejada en su partido.

Al final, todo esto responde a la promesa electoral que Bescana hizo en diciembre pasado con este fin, lo que demuestra que fue intencionado y con interés. Ángeles Maestro también llevó a su hijo al XIII Congreso del PCE y, de nuevo, lo amamantó por naturaleza y necesidad, sin buscar a cambio una rentabilidad. La diferencia es que una comercia con los sentimientos y la otra trabajaba con las ideas, pero aún así las dos son madres.

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