Zigurat

Ceremonia acordada

16.01.2016 | 00:18

E l pasado martes, parte de los nuevos diputados creyeron haber cubierto el expediente. Se constituía el Congreso de los Diputados de esta singular partitocracia. La segunda etapa tras las elecciones del 20-D, día en el que quebró el bipartidismo, y buena resaca que ha dejado, sobre todo para el PPSOE, que se cierran a toda ecuánime posibilidad, o sea, reacios al sentido común, aunque se debe reconocer que el sentido común suele ser incidental en política, es un extraño en la mente y en los hechos. Ahora seguirán los pactos para formar gobierno y se habla de un tripartido, PP-PSOE-Ciudadanos, que el PSOE se sitúe donde le corresponde, es decir, en la izquierda -luego de burlar y humillar a Podemos-, o convocar nuevas elecciones. Por ahora, los hechos delatan a un político mediocre y dado a ciertas improvisaciones: Pedro Sánchez, discutido secretario general de los socialdemócratas de derechas, que tan sólo da la talla física; el PSOE -partido que en su día celebró alborozadamente 100 años de historia y 40 de vacaciones, según se comentó atinadamente- y hasta a algunos de sus dirigentes [Eduardo Madina] les molesta y llega a irritarles que el secretario general de Podemos se llame Pablo Iglesias.

El detalle, muy humano, por otra parte, de que Carolina Bescansa haya acudido con su tierno y entrañable bebé ha escandalizado, incluso ha molestado, al presidente del Congreso, al puritano Patxi López. Lo que hay que oír y ver, sobre todo en los sociatas, algo en los peperos, pero sobre todo entre los súbditos [Ciudadanos]. El PP mantiene cierta discreción, permanece expectante, en actitud de caza y captura; trata de buscar aliados en cualquier lugar del complejo hemiciclo, y es entonces cuando hay que cuidar mucho las palabras y las poses. A su vez, Pedro Sánchez sueña en invierno ser investido Presidente mediante un pacto con Podemos y hasta aventura que con Súbditos [Ciudadanos], en el colmo -por ahora- del disparate o de la ultramiopía política, y hasta no es descartable que PP-PSOE compartan el Palacio de la Moncloa. Los representantes del PSOE por ahora no han discutido el futuro de la Ley para la Reforma Laboral como tampoco la Ley de Seguridad Ciudadana, lo cual ha dejado de ser sorprendente, la sombra de Cánovas del Castillo y Joaquín Sagasta es enormemente alargada, a la vez que sumamente obsoleta. Ahora lo que se impone es estar en el poder, tarea tan ardua como difícil, aunque ésta se comparta, e incluso que las puertas giratorias continúen a disposición de muchas ambiciones. Es la tercera etapa, que invita o más bien reta a unificar criterios, o lo que se viene en denominar, un pacto de mínimos.

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