Retiro lo escrito

El suetito

12.01.2016 | 02:00

R ecuerdo que hace algunos lustros eran muy habituales los reportajes periodísticos sobre los regalos que habían recibido los políticos por Navidad (en invierno) o acerca de los viajes y lugares de sus vacaciones (en verano). Fue aquella larga y eructante época en la que los responsables políticos formaban parte del cogollo de cierto famoseo junto a tonadilleras, futbolistas, modelos y actores. Los reportajes supuestamente humanizaban a la fauna política y suponían un recurso estupendo para rellenar un par de páginas. Todo eso se ha acabado, por supuesto. Actualmente los políticos intentan mantener un anonimato perfecto en su vida cotidiana, procurando que la gente les disculpe su atroz ocupación, y hasta el coche oficial ha caído en desuso, aunque yo conozco a algún viceconsejero de prosas rimbombantes que sigue utilizándolo para trasladarse de su casa al despacho y viceversa, como si no dispusiera de patitas peludas propias.
Sin embargo, un reciente político ha recordado en estas fiestas esas viejas costumbres, al mencionar en una entrevista que le habían regalado un suetito muy bonito para su toma de posesión como diputado. Alberto Rodríguez, que consiguió el acta encabezando la lista de Podemos por la provincia tinerfeña, sintetiza muy bien la casuística de los flamantes diputados y senadores podemistas. Lleva meses proclamando su condición obrera y el esplendor de sus luchas juveniles, pero en realidad es un titulado de grado medio que entró en la Refinería de Petróleo a los veinte y pocos años, cuando no era nada fácil hacerlo y en un brevísimo tiempo se incrustó en el comité de empresa, de donde no ha salido a menudo si no es a manifestaciones y concentraciones. Por entonces era militante de Izquierda Unida Canaria, pero ocurrió algo muy triste: Rodríguez disputó la candidatura de IUC al Cabildo de Tenerife, y sorprendentemente perdió frente a Luisa Tamayo. De su gran disgusto lo recuperaron en pocas semanas Pablo Iglesias y sus satélites isleños ofreciéndole un puesto de salida al Congreso de los Diputados que, por supuesto, no fue objeto de debate o discusión en la organización tinerfeña de Podemos, porque se trataba de una elección santificadora tomada por el mismísimo Líder Supremo: Rodríguez no tuvo que enfrentarse a ninguna Tamayo para optar al escaño. Todo lo demás es sencillo, cortito, chamánico: la denuncia a la vez indignada y quejumbrosa de lo mal que va todo por culpa de unos pocos indeseables, unos orígenes familiares humildes convertidos en exhibicionismo mitinero, una ignorancia enciclopédica que encuentra en sí misma materia para el orgullo, el caos o la indiferencia justificada. Sí, yo creo que aquellos tiempos bobalicones en los que preguntábamos por los regalos navideños de los políticos no deberían volver, pero es que esto, lo del fin del bipartidismo y las nuevas fuerzas emergentes y las transformaciones del paradigma político, en fin, está resultando bastante estúpido, decepcionante, irritante y hasta un poco vergonzoso, eh. Como si después de décadas tratándonos como tarados irremediables pretendieran ahora tratarnos como adolescentes mocosos.

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