Tomando el pulso

Pasaron los Reyes

12.01.2016 | 02:00

C on la celebración de la Epifanía, se da por concluido el espacio de tiempo dedicado a la Navidad con entrada en el nuevo año. Llegan los buenos propósitos, que en un principio suenan bien pero más tarde, ya se verá. No es cómo empieza sino cómo termina. Existen una serie de planes de futuro, que en teoría parecen viables pero la complejidad puede estar en la práctica. El que comió de todo, con o sin ganas, haciendo una demostración ante familiares y amigos, que ponga los pies en el suelo, vuelva a la realidad y de paso, se ponga a régimen para que la analítica no salga con todo descuadrado al efectuar la visita al médico del centro de salud correspondiente. Por este motivo, quizás son muchos los que deciden inscribirse en el gimnasio, cueste lo que cueste, pero todo tapadito con camiseta hasta que el cuerpo vuelva a recuperar la línea saludable, dejando la famosa curva de la felicidad. Presumiendo de barriga cervecera, aprovechando la ocasión para darse unas palmaditas y exclamar: ¡Esto cuesta conseguirlo! Se acaba también lo de ¡felicidades, felicidades!, te caiga bien o no te pueda ver ni en pintura pero el momento es el momento, en este paréntesis navideño. Todos sabemos que el día más importante es el de la Natividad del Señor pero los Reyes Magos, tienen algo especial. La noche después de ver a sus Majestades, empieza la incertidumbre de grandes y pequeños ante los posibles regalos. La cabalgata es lo más esperado y aunque el tiempo no ayude, se debe esperar hasta el último momento para tomar la triste decisión de suspenderla por lo que ello conlleva, el disgusto de grandes y pequeños junto con una gran dosis de tristeza. Ver las caras de los niños con el nerviosismo acumulado, parece que merendaron café o bebidas
con cola ante la excitación que presentan. El despliegue es grande, helicópteros, camellos o carrozas con tal de desfilar en la esperada y multitudinaria cabalgata. Los paquetes y caramelos no pueden faltar, de goma hacen menos daño al caer sobre la gente. La entrega de las Fuerzas de Seguridad y la Cruz Roja no tiene precio para que todo transcurra correctamente. Llegar a casa, cenar una lechita caliente y a la cama, la ilusión está servida. En fin, gracias a todos los que colaboran con los Reyes Magos de Oriente para que la noche sea mágica.

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