Zigurat

La incógnita de 2016

02.01.2016 | 02:00

U n año más, pero muy abundante en expectativas. Por ejemplo, hoy sábado 2 de enero, se decide en Cataluña investir o no al peligroso aventurero político Artur Mas i Gavarro (Barcelona, 1956), "3 por ciento", que ha logrado dividir a los ciudadanos catalanes y quebrar una inmadura democracia cual es la española. La suerte está echada y la Candidatura de Unidad Popular (CUP), objetivamente resultan unos verdaderos chantajistas, con tan solo 10 diputados autonómicos (Junts pel Si, 62; Ciutadans, 25; Partit del Socialistes de Catalunya, 16; Catalunya Sí que es Pot (Podemo-ICV-EUIA-Equo, 11) y Partido Popular de Cataluña, 11), se convierte en tirana arbitraria de la caótica política catalana. Hasta el 10 de enero, fecha para designar al President de Catalunya, de lo contrario nuevas elecciones. O sea, hoy la CUP decidirá el "ser o no ser" desde su ilusoria extrema izquierda, orquestada por el periodista y músico Antonio Baños Boncombain (Barcelona, 1967).

La CUP ha dejado en ser marxista leninista para poder ser redefinida como desestabilizador baluarte anarco-comunista -y quienes llegamos a militar en el PCE conocimos sus entrañas€-, está zarandeando no sólo la política catalana sino también a todo el conjunto del Estado español, sobre todo tras los comicios del 20-D, que han supuesto un complejo cuatripartidismo o un bipartidismo con dos apéndices, Ciudadanos [Súbditos] y Podemos. Mientras el PSOE madura su crisis interna y surge la desmesurada ambición política de Susana Díaz (Pacheco es su segundo apellido, pero por fortuna ni hermana ni pariente mía), espoleada por Felipe González I [Primero] y un buen conjuntos de barones, lo secunda el PP [Partido Paleolítico], con su corrupción y crisis interior, que ha obtenido mayoría en las elecciones pero no absoluta, afortunadamente, ya que así tendrá que coalicionarse para gobernar y ceder buena parte de su extensa finca. Junto al PP aguarda o bien el dúo PSOE y C´s o bien unas nuevas elecciones, quizás en mayo. Esta situación la ha deparado tanto las urnas como una obsoleta Ley Electoral.

No es ésta, pero en absoluto lo es, la democracia deseada y merecida por millones de españoles. La responsabilidad histórica es de UCD, PSOE, PCE, AP [Alianza Popular = PP] y CiU, más que considerable. Se optó por la Transición, no por la ruptura democrática, y Santiago Carrillo, secretario general del PCE, dotado de buen sentido de Estado pero perfecto neoestalinista en el seno de los comunistas españoles, se constituyó en destacado líder espiritual de la Transición, o sea, una subdemocracia que en cierta manera comparte lo del "Todo está atado y bien atado", y lo está por la vocación totalitaria de la CUP quien hipócritamente se ampara en un sistema asambleario.

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