Tribuna abierta

Siente un pobre a su mesa

29.12.2015 | 02:00

C orría 1961 cuando Luis García Berlanga presentaba la película Plácido, nominada por cierto a los Oscar como mejor película de habla no inglesa, y cuya idea era hacer sutil sátira de una campaña ideada por el régimen franquista en los años cincuenta con el lema Siente un pobre a su mesa para despertar un sentimiento de caridad cristiana hacia los más necesitados por parte de la sociedad de esta época.
Berlanga, quien reconocía siempre que la crispación política le asustaba, incisivo y espontáneo como era, trataba con su película de demostrar que lo que tal campaña navideña franquista pretendía era jugar con el sentimiento de culpabilidad de los dirigentes políticos y de las clases pudientes consiguiendo de esta manera limpiar sus turbias y burguesas conciencias.

Pues hete aquí que en pleno ocaso de 2015, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, a la que cariñosamente he bautizado como Jaimita y sus ocurrencias y de la que me propuse no volver a escribir, me hace faltar a mi intención pues con el más puro estilo berlanguiano esta Nochebuena ha invitado a cenar a más de doscientas personas sin hogar en el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de la capital.

Nada habría más bonito que en estas fechas ni en ninguna, ni mucho menos en pleno siglo XXI, nadie tuviera necesidad de gestos como este para poder celebrar la Navidad. Pero dicho esto también deberíamos plantearnos que invitar por un día a sopa de marisco, langostinos, cordero asado con papas panaderas, dorada al horno, postres y dulces, con agua que no vino y champán que no cava no es la solución, pues no hay nada más lejos realidad que lo que la alcaldesa refería en relación a esta iniciativa pues citando textualmente "darles amor y cariño, y que al menos una vez al año algunos por primera vez en su vida puedan sentarse en una mesa con flores, con servilletas rojas y las sillas vestidas de blanco" ya que se convierte y torna más en caridad retrógrada que en verdadera justicia social, incluyendo la sesión fotográfica y propagandística posterior.

Soy totalmente partidario de políticas que impulsen y promuevan la verdadera solidaridad social organizada, reforzando la capacidad de respuesta de las administraciones e instituciones públicas en los temas sociales. La razón de ser de los poderes públicos radica en su capacidad de proteger a los más débiles de nuestra sociedad en situaciones de emergencia y urgencia social, y no organizando estos u otros maratones solidarios de dudosa efectividad.

Pensaba iluso que el conservadurismo compasivo basado en repartir ayudas puntuales y circunstanciales, originadas en una sin duda encomiable solidaridad era más propio de las políticas liberales y de las derechas no muy democráticas, teniendo por el contrario las de izquierda su base ideológica en los derechos sociales adquiridos y la dignidad de las personas.

Permítanme pues decir, con permiso de todos aquellos que con su docta y dogmática opinión reparten en exclusiva los carnets democráticos, de solidaridad y de doctrina social, además de arrogarse la prerrogativa de ser la voz del pueblo por su empatía con el mismo, que un ciudadano con derechos no es lo mismo que un necesitado que recibe caridad de forma discrecional, provenga esta de donde provenga y se haga con la mejor de las intenciones, como no dudo es el caso de la alcaldesa de Madrid.
Alfonso J. López Torres
@AlfonsoJLT

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