Tomando el pulso

Inocentada

29.12.2015 | 02:00

S i miramos en un almanaque la fecha del veintiocho de diciembre, el Santoral nos indica que corresponde a los Santos Inocentes. Día próspero, como costumbre para gastar una serie de bromas a todo el alrededor. Es frecuente ver a gente caminando tranquilamente por la calle con un machanguito blanco pegado en la espalda. El que lo lleva, tarde o temprano se da cuenta al ver el comportamiento del alrededor con sonrisa incluida. Los medios de comunicación colaboran con la causa y dentro del contenido programado, no dudan en introducir alguna noticia que no es verdad. No puedes leer ningún periódico porque tu desconfianza aumenta. Si pones la televisión, mejor seleccionar un canal de documentales o poner una película previamente grabada. Finalmente si la opción que queda es la radio, desde que alguno se confíe, está perdido. En muchas ocasiones, cuando ese uno cuenta la noticia a destacar, es cuando se da cuenta de que algo no suena bien. Tarde o temprano te la cuelan y por si fuera poco, al día siguiente te recuerdan los hechos para continuar con la causa. Muchos en plena calle y a todo al que se encuentren, llegan a contar la noticia en cuestión como novedad, quedándose sin palabras cuando descubren que no es cierta, reflexionando aquello de: "Mejor, me hubiera estado callado y estaría más guapo". Los de alrededor no pierden la ocasión también de exclamar: ¡Qué bobo eres, picaste! Como consuelo siempre quedará la frase de que "una cosa es ser bobo y otra, tonto", que no es lo mismo. Por todo lo anterior, hay gente que no quiere ni la consulta del médico para este día ni reuniones ni nada, ya que todos desconfían de todos. Hay inocentadas de todo tipo, algunas de ellas bastante originales con un punto de comentar que eso no se hace pero el día es el día. Muchas veces antes de no tener la seguridad de llegar a buen puerto sobre algún tema es mejor utilizar la frase: "Yo digo esto y con prudencia, por si sale mal, decir que fue una inocentada". En fin, visto lo visto, mejor se queda uno en casita, el que pueda, con provisiones suficientes, leyendo un libro y pasando un día de relax desconectado del mundo. Sin duda, es el mejor antivirus contra la inocentada, en espera del día siguiente, donde ya te enterarás sin sufrirla, de lo sucedido y así se ríe uno con seguridad.

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