Tribuna abierta

El "modesto aprendiz de periodista"

23.12.2015 | 02:00

L a muerte de Ricardo Acirón Royo es una muy triste noticia para nuestra tierra. Nos deja uno de los mitos del periodismo canario, una persona íntegra, trabajadora, comprometida y dotado de la virtud de la humildad, la que realmente da talla a los verdaderos intelectuales.
Ricardo Acirón además de un buen maestro de enseñanza primaria, su primera vocación, fue un gran maestro de periodistas, investigador y docente universitario ejemplar. A su tesón y entusiasmo debemos la introducción de los estudios de periodismo en Tenerife y la creación de la Facultad de Ciencias de la información de la ULL.

Como periodista dejó su huella en varios medios escritos de la isla, La Tarde, Jornada y El Día, así como en y radios y televisiones locales. En El Día, su verdadera casa y de la que fue obligado a salir porque muchas veces en la vida la mediocridad y la injusticia acaban imponiéndose, llegó a ser subdirector y durante los convulsos años del tardofranquismo y de la transición fue el artífice que abrió las páginas de ese periódico a todo el abanico político de la oposición, incluso a la izquierda proscrita de raíz nacionalista o comunista.

En ese medio, junto a Ernesto Salcedo y Juan Pedro Ascanio, fue valedor de La Isla de los Niños, una experiencia periodística rompedora y pionera de periodismo infantil en los años setenta, de la que, con su embullo y guía, realicé una investigación que concluyó en una tesis doctoral leída en la ULL en 2011.

En los años previos tuve las inmensa fortuna de disfrutar del magisterio de don Ricardo como discípulo suyo (los profesores y profesoras tienen alumnos o alumnas, mientras que los maestros discípulos). De él tenemos el recuerdo de un hombre que amaba su profesión, que se preparaba sus clases con mimo y cariño, que atendía a sus tutorías, respetuoso al máximo con cualquier tipo de opinión y que trataba de formar a periodistas preparados, honestos y convencidos de la función social de esta profesión.

Siempre que tenía oportunidad, de su boca y para definirse a sí mismo, salían unas palabras que me han marcado: "este modesto aprendiz de periodista". Lo decía él, que es de los verdaderamente grandes.

Adiós maestro, nos deja la enorme herencia de su magisterio y su recuerdo permanecerá intacto entre quienes tuvimos la dicha de conocerlo.

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