La Ciprea

No hay un nuevo amanecer

22.12.2015 | 00:04

H ace ya mucho tiempo que no hemos visto amanecer ni creo que haya nuevos amaneceres. Donde algunos vivimos solo se pueden ver las puestas de sol. El amanecer queda para el otro lado. Es por el este por donde sale el sol y es por el oeste por donde se pone, y en mi isla las montañas no te permiten contemplar las dos cosas. Para algunos la salida del sol significa luz, cambio, renovación, lucha y esperanzas. Para otros es el oeste el que tiene mayores ventajas y significa contemplación, introspección, espíritu reflexivo y la llegada del sosiego.
Buscar el este es ir al encuentro de nuevas batallas, nuevos riesgos. Buscar el oeste es desear la paz, la armonía y el descanso. Tú eliges y elegir un lugar para asentarse tiene mucho que ver con esos dos caminos. Quien elige debe saber lo que arriesga en la elección. Por eso en la vida hay que saber elegir el sitio dónde vivir, cómo y con quién hacerlo. Lo demás es correr un riesgo innecesario.

Hubo un tiempo en algunas islas que aquellos que vivían en ellas, los grandes habitantes del Atlas, se sentaban a esperar la llegada de sus dioses y, poco a poco, algunas se fueron aplastando bajo su peso y quedaron planas. Así Fuerteventura, por ejemplo, donde puedes alcanzar a ver la salida del sol y su ocaso sin tener que moverte de alguna de sus lomas; el amanecer y la llegada de un nuevo día por un lado de la isla, y la caída del sol y su ocultamiento por el lado opuesto. De esa manera, sus habitantes pudieron llegar a saber que la noche no era para siempre ni la luz del día duraba eternamente. Y, por propia experiencia, alcanzaron la certeza de que sus dioses no llegarían jamás y ni falta que les hacía creer en ellos.

Los nombres y los apelativos con que suelen clasificarse a sí mismos los partidos políticos a algunos les hace pensar en lo que estos pueden traerles de renovador y en la necesidad de una nueva manera de afrontar las cosas, o bien les hace pensar no solo en la armonía y el sosiego, sino en lo que el término implica de decaimiento e, incluso, de muerte. En ambos casos, es demasiado pretencioso. Por eso la historia se encarga de ofrecernos explicaciones que solo ella puede darnos. Algunos pueblos saben mucho de la suya porque sus antepasados se encargaron de que llegara a sus manos y así poder evitarles mentiras y sorpresas. Nosotros no hemos vivido ni leído ni aprendido nada de la nuestra. Y así nos va. En cualquier caso, siempre es un consuelo pensar que nos queda Fuerteventura.

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