Tribuna abierta

Queda lo aprendido

19.12.2015 | 02:00

L a noche del pasado jueves fallecía Ricardo Acirón Royo. Fallecía un periodista. Su memoria queda en todo lo que enseñó, desde las aulas de la Facultad de Ciencias de la Información que él mismo ayudó a cimentar, a cientos de jóvenes aprendices, como le gustaba decir a él, que hoy ejercen una profesión complicada en tiempos más complicados aún.

En un momento en el que las redacciones se despoblaron de ´referentes´, de periodistas de larga experiencia que ´enseñaban´ a los nuevos redactores los secretos y trucos de la profesión, Ricardo continuó ese magisterio desde las aulas; desde la experiencia que le daba conocer la redacción desde dentro y con el convencimiento de que el periodismo es una profesión que debe acompañar la teoría con la práctica.

La vida de este periodista, canario de adopción y de corazón, es la vida del periodismo canario de los últimos 40 años. Él vivió la transición de la máquina de escribir a la maquetación digital, del revelado en redacción a las cámaras digitales; una revolución tecnológica que cambió los tiempos de la noticia en una profesión en la que siempre se luchó contra el reloj; para ser el primero en conocer, en contrastar y en dar la noticia.

Y Ricardo sabía que aunque habían cambiado las herramientas y hasta los canales para comunicar, las reglas del juego siempre serían las mismas. De ahí su empeño, desde las aulas, en inculcar a los jóvenes estudiantes de Ciencias de la Información la necesidad de formarse en esas viejas y eternas reglas. La necesidad de contrastar, de preguntar, de levantar la mano una y otra vez hasta dar con la respuesta, de no dar nunca nada por sentado y de que la gran exclusiva de hoy solo significaba que mañana debían trabajar aún más porque los éxitos en periodismo solo duran 24 horas.

Falleció la noche del pasado jueves un escritor, un maestro y un hombre que creció como profesional dentro de una redacción; un hombre que inculcó a sus alumnos de Ciencias de la Información que a lo más que podían aspirar es a ser aprendices de periodistas porque todos los días y durante toda su vida, debían luchar para ganarse el título de periodista.

Su legado queda en lo que todos esos jóvenes aprendieron de un hombre que logró dejar de ser aprendiz de la profesión que amaba para convertirse en un periodista; en lo que siempre fue.

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