Zigurat

Mañana domingo, 20-D, a votar

19.12.2015 | 02:00

E l hecho de votar es algo más que un gesto físico. Supone una obligación cívica, un compromiso solidario, es todo un imperativo ético. Tener conciencia de así hacerlo es un medio por el cual los ciudadanos tratan de avizorar y desear aproximarse al horizonte democrático. Con independencia de siglas y tendencias, mujeres y hombres imaginan un futuro mejor. Es así como el 20-D no es un punto de llegada, sí lo es de partida. Por supuesto que sí. Tal punto de partida implica que se debe acudir a votar. Hacerlo por quienes no están, padres, familiares, amistades, diversas personas psicofísicamente ausentes, por tanto es uno meritorio requerimiento de la memoria; votar por democrático respeto a la infancia, adolescencia y personas de avanzada edad, hacerlo por solidaridad diacrónica, por quienes vienen tras nuestros pasos y nos relevarán y por aquellas personas que no lo pueden realizar; depositar el voto por quienes se encuentran en adversas situaciones, personas imposibilitadas, las que, por ejemplo, se encuentran hospitalizadas, muchas de ellas impedidas, y votar, esencialmente, por la autoestima y la dignidad.

No es éste el momento, por razones obvias, de proceder a enumerar siglas y tendencias; pero sí debe constituir el reafirmar la más nítida voluntad democrática, con el pensamiento puesto en que votar es un compromiso consigo mismo a la vez que con los demás. Quienes demostrando un desagradable nihilismo, los pasotas, personas egoístas y de probada miopía cívica apuestan por no votar, estarán plenamente incapacitadas para luego deshacerse en reiteradas quejas hacia el gobierno de turno. Sabemos que al igual que los partidos políticos no son un fin en sí mismo, que son un paso para lograr determinadas metas, tan sólo un medio para emprender diversas rutas y alcanzar el concretar metas.

Mañana domingo, 20-D, es una jornada decisiva en la más reciente historia del Estado español, y lo es por diversas razones que no hace falta apuntar, pero se debe pensar en los problemas existentes en el Estado español y los existentes internacionalmente. En tal sentido, quienes cultivan el escapismo optando por "huir" hacia el campo o la playa, buscar diferentes coartadas personalmente justificativas, es hurtarse a un compromiso consigo mismo y con los demás se aproxima no sólo a la insolidaridad sino incluso a cierta pusilanimidad. Y es que aspirar a una sociedad mejor supone homenajear a quienes ya no se encuentran entre nosotros, pero siempre recordados, y rendirle tributo a la infancia, la juventud y a personas de avanzada edad. Los otros cantos de sirena, que propugnan abstenerse, son indeseadas demostraciones por cuanto desmarcan inexcusablemente a mujeres y hombres de la realidad social, la misma que en bastante ocasiones pretenden impugnar.

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