Desmadejando la hebra

Perturbación en la fuerza

16.12.2015 | 02:00

A veces, para terminar de convencerte de algo tienes que buscar, con acierto y tiento, aquella respuesta que termine por desterrar la inquietud y las dudas de lo que hace vacilar a la determinación. Y para ello, para poner aplomo y seguridad a un pensamiento, la virtud del hábil se convierte en la mejor estrategia. No hay que realizar rebuscadas piruetas, ni hacer arriesgados saltos mortales, ni ejercer de espontáneo equilibrista, simplemente hay que barajar posibilidades y elegir aquella que dé en la diana de tu, aún, indecisa solución.
Al final todo se reduce a micro-espacios sociales, a círculos, donde nos desarrollamos como especie, donde convivimos, mejor o peor, donde vivimos, nos dejen o no, donde nos educamos, donde cambiamos, mutamos o nos regeneramos. Y en esos espacios micro, las relaciones se establecen por afinidad, por referentes, por proximidad, por discurso, por argumentario, palabra ahora tan de moda, por amor, por odio, por amistad, por ideología, en definitiva, sobre la construcción de ciudadanía. Somos seres políticos dentro de estos micro-espacios sociales y como sujetos políticos podemos, al igual que el feminismo lo hizo, convertir lo personal en político o pasar de la indiferencia a la operatividad, a la innovación, a rescatar el entusiasmo más brillante, a acabar con aquello que nos diezma y amilana y en ocasiones nos hace desistir de emprender cualquier empresa heroica. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido.
En tanto seres singulares que iniciamos nuestra existencia en micro-espacios sociales y culturales diversos (familia, vecindario, grupo de amigos, espacios políticos...) la gente se hace fuerte disputando al miedo, a la indiferencia, tomando partido en las instituciones, decidiendo a quienes quieren poner a su servicio para conquistar los palcos reales y limpiarlos de falsos semidioses.

Ayer, tuve la sensación de encontrar la respuesta, sí. Ayer encontré ese micro-espacio social donde vi cómo estudiantes, amas de casa, profesores, abuelos, padres y madres con hijos, trabajadores, posiblemente algunos parados, otros tantos jubilados; gente empapada de animoso brío y vehemente determinación en nada inundada de aquella desafección política inoculada por la arrogancia de los privilegiados que se han puesto por encima de la ley alimentando la desgana de la participación democrática a través del juego del desgaste político de que es legítimo aceptar a las "manzanas podridas", porque siempre las ha habido, con resignación, sin apostar por la capacidad de la gente para competir desde arriba no desde abajo, como nos hacen creer, apretándonos el cinturón con sumisión, silenciando los gritos de ´no´ a la decadencia social, de ´no´ a la desigualdad social. Ayer rugía con fuerza el espíritu político de más de 2.000 personas que gritaban por la protección de sus derechos, de nuestros derechos. Clamaban ´no´ a un país que trocea los empleos, abarata el despido, convirtiendo el empleo precario en buque insignia, ´no´ a un desahucio más, ´no´ a la corrupción (Púnica, Bankia, Bárcenas, Gürtel, Fabra...), ´no´ a las puertas giratorias, ´no´ a la financiación ilegal de partidos, ´no´ a los recortes en educación y en sanidad, ´no´ a esta tomadura de pelo. ´No´, señores, ´no´. Los números han de cuadrar con la gente, con el pueblo dentro.

¿Populismo, demagogia? De nuevo, ´no´. Se trata de garantías aunque ustedes lo llamen retórica a un proyecto de futuro. Se trata de dar un revolcón a la arrogancia, a la vanidad. Se trata de hacer una cura de humildad utilizando los instrumentos políticos y democráticos del Estado desbancando la partitocracia y la instrumentalización de la formación política como una herramienta para lograr la consecución de fines de naturaleza particular con el objetivo de beneficiar a un sujeto o a un grupo de sujetos determinados. Se trata de un proyecto de futuro construido por los ciudadanos y ciudadanas, al igual que hace treinta o treinta y cinco años atrás, dando oportunidades para edificar un futuro que garantice un gran pacto social un acuerdo de convivencia para nuestras generaciones venideras. Y con esa idea, con esa determinación, con ese pensamiento, con ese entusiasmo por el mañana, que palpé ayer, apostando por la refundación y la regeneración democrática, creo haber dado respuesta a mi incertidumbre. Ahora puedo pensar que quizás se puede estar rozando con la punta de los dedos la cima de ese cambio, histórico, de ciclo político y que, quizás, el futuro se va a construir con una sonrisa el 20D.

Se nota una perturbación en la fuerza, algo está cambiando en éste país que despierta y sonríe con ilusión. Quizás encontré mi respuesta. Quizás encontré mi solución. Quizás mi micro-espacio político. Sólo me queda sonreír.

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