Tribuna abierta

La Octava Isla

13.12.2015 | 02:00

Las urnas han hablado en Venezuela, y el pueblo ha invadido las calles en señal de paz y sin miedo, por fin, a lo que pueda pasar. El gobierno ha puesto en marcha una serie de medidas que les dejaría en la poltrona, pero el peso de la comunidad internacional podría acabar con esa intentona más propia de otros tiempos que de lo que se espera de un país tan rico.

Una vez alguien me definió a Venezuela como un país tan rico pero tan pobre a la vez. Petróleo, minerales, gas, turismo en la zona de Puerto la Cruz€pero tan lleno de miseria al mirar hacia las montañas que rodean Caracas con sus famosos "ranchitos". Sin duda una cosa es verlo y otra es el que te lo cuenten.

Me viene a la memoria el encuentro que tuve con Mitzy Capriles, la esposa del alcalde de Caracas encarcelado, Antonio Ledezma. Recuerdo con emoción lo que me relataba y su visión de lo que estaba ocurriendo en Venezuela.

Tras las elecciones del 6 de diciembre, bautizado como 6D, el pueblo venezolano a dicho basta a una serie de injusticias, y me llama mucho la atención que algunos líderes de formaciones políticas que usan tanto las redes sociales no sacara 4 segundos de su tiempo para decir algo a favor del pueblo bolivariano. Quizás sea porque se les acabó el chollo y ya recibirán ayudas.

El caso de Antonio Ledezma nos llevó a impulsar una moción en el Senado por la libertad de presos políticos en Venezuela. Pero mi pregunta es la siguiente; ¿queremos una España convertida en Venezuela?

Yo digo no. Un no enérgico. Un país que ha cambiado varias veces de moneda en los últimos diez años, donde la corrupción campa a sus anchas, donde los índices de criminalidad son desoladores, que los servicios a los ciudadanos son casi nulos, un país en el que conseguir un litro de leche o harina es cuestión de dinero y poder.

No. No quiero una España convertida en Venezuela. Quiero una España competitiva. Una España en la que todos tengamos derechos y libertades. En la que todos tengamos oportunidades. Quiero una España sin límites, con una sanidad y una educación para todos y todas.
También quiero una Venezuela de los venezolanos, y que sus ciudadanos y ciudadanas logren los servicios de los que aquí disfrutamos. Quiero una Venezuela libre y sin ataduras, y que recupere el esplendor de otros tiempos.

A través de esta sucesión de letras quiero mostrar mi apoyo a Venezuela y a sus ciudadanos, que han sabido reaccionar dándonos una lección, pero también quiero advertir del riesgo que padecemos en España a la hora de acudir a las urnas el próximo 20 de diciembre.

Soy de los que siempre han opinado que cuando se tienen las ganas y la convicción, se puede. Y podemos cometer errores y también conseguir aciertos. Podemos errar o podemos dar en el clavo, porque somos humanos. Pero la voluntad es siempre buena, para todos. No para unos cuantos.

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