Retiro lo escrito

Una jornada festiva

12.12.2015 | 02:00

Sí que parecía una fiesta. Un botellón sonriente y abstemio en el que no se esperaba un mensaje y una propuesta, sino una encarnación mesiánica, una comunión de los santos, como en los mítines profecía y sepia del pasado. Entre la pibada -mayoritaria- podrías descubrir grupitos de cuarentones y cincuentones sonrientes. Es un apoyo importante de Podemos, el de estos puretas que deambulaban cerca de la Universidad de La Laguna metiendo la tripa ideológica cuando se acerca el futuro, exactamente igual que meten las mantecas abdominales en la playa cuando se acerca una piba. Son los cuarentones y cincuentones que en su día (y muchos días) votaron al PSOE, pero el PSOE les decepcionó. Y no están dispuestos a decepcionarse, porque quieren votar de nuevo con la ilusión recental de 1982. En realidad eso es más o menos todo. Maduritos que no quieren admitir que les espera una decepción tras otra, a los que les horripila lo que han debido aprender de la política y de la vida, y que no están dispuestos a llevarse desilusiones. Un hombre que huye de las desilusiones a los cincuenta años es un zoquete, y muchos miles de zoquetes ventrudos que leyeron las novelas y ensayos recomendados por El País durante treinta años, y muchos de los cuales han vivido cómodamente la crisis como funcionarios mediotínticos, votarán a Podemos en las próximas navidades.

Todo era tan inocente como las ganas de ser inocente. Y luego estaba el indiscutible talento logístico y escenográfico de la tropa de Podemos, comandados por Iñigo Errejón, que con cuatro duros sabe rellenar un mitin de algunas sensaciones congruentes, qué magnífica la elección del tema principal de la banda sonora de Los cazafantasmas. Y llegó el momento eucarístico con la entrada de Iglesias, Errejón y los candidatos canarios al Congreso de los Diputados y al Senado, y los aplausos enfervorizados, y los miramiramira, y los gritos que exclaman que se podrá y vaya sí se podrá, y como soy ya un cincuentón pero no temo desilusionarme recordé esto mismo, exactamente igual de florido, entusiástico y humildemente flamante hace treinta años, sí. Pero nada dura lo suficiente. Después de los aplausos tuve que escuchar de una juez que perseguir la corrupción se paga caro y que ya no vivimos en una democracia. La señora magistrada parecería en perfecto estado de salud, la que corresponde a una inamovible funcionaria pública que percibe más de 3.000 euros mensuales, y que muy probablemente llegará a ser diputada sin haber militado en el partido por el que se presenta ni cinco minutos, y gracias a esta inexistente democracia. El pibe que se presenta por la provincia tinerfeña cree, según se desprende de sus propias palabras, que nunca jamás un ciudadano con un título de FP ha llegado a diputado. Nadie le ha dicho, por poner un solo ejemplo, que un electricista, llamado José Luis Corcuera, fue diputado y hasta ministro. Después habló de su abuela, de lo pobre que era, de lo mucho que trabajaba, no como las abuelas de la mayoría de ustedes, lectores, que eran jodidas archiduquesas. Ser medio pobre y muy ignorante es un gran mérito, no lo dudo, y así lo entendió el público, es decir, el pueblo, que nunca se engaña, poniéndose morado a aplausos.

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