La Ciprea

Estos lodos

08.12.2015 | 00:27

S i hacemos una reflexión sobre los últimos atentados tendríamos que llegar a una serie de consideraciones. Para empezar, deberíamos recordar el inicio de esta escalada de terror, qué la causó y dónde se inició esta barbarie. ¿Recuerdan la famosa foto? ¿Recuerdan a los líderes que en ella aparecían? Fue la foto de la gran mentira. La que prendió la mecha. A veces me pregunto qué hubiera sido de nosotros de no haberse iniciado una guerra cimentada en una causa preñada de falsedades. No había armas de destrucción masiva donde ellos aseguraron que existían y en lo que se apoyaban para iniciar una guerra que ya no tendrá fin y que con el tiempo se ha convertido en una matanza callejera donde mueren inocentes en torres muy altas, trenes, salas de fiesta, conciertos, calles y manifestaciones. De Nueva York a París, pasando por Madrid, Londres, Ankara, Siria, Kenia y un largo etcétera de muertes aterradoras con que nos despiertan cada día. Ya ni nos preguntamos quiénes son los autores.

El Frente Nacional de Francia se crece con estas masacres; los partidarios de la ultraderecha de Bélgica se crecen con esos actos de terror; la derecha más recalcitrante española o griega aumenta sus afiliados con cada muerte. Quienes venden las armas que los terroristas cargan y disparan y quienes cambian petróleo por mezquitas son, en muchos casos, los que se benefician a la larga de este horror creciente cuyas víctimas son los ciudadanos de a pie, no los políticos que planifican las guerras por intereses que cada vez tenemos más claros. No es el Islam el problema. El problema es el crimen organizado. El problema son los que se enriquecen con la venta de armas, la proliferación de las guerras y el comercio ilegal de mercenarios a sueldo.

Habría que averiguar cuántos de los terroristas pertenecen al Islam, dónde y cómo se forjó su radicalización y si esa actitud ha sido creada por el propio sistema que ahora se ve herido de muerte. No importa ahora de qué raza o de qué religión son los que matan. No es momento de buscar culpables en esos extremos. Ni las razas son criminales en sí mismas ni las religiones son violentas en su esencia. Ahora es solo el momento de negar la bondad de aquellos que viven de la venta de armas, de organizar guerras para poder venderlas, de buscar razones donde no las hay para iniciar el odio y las masacres. Y esos ya sabemos quiénes son aunque aparenten tener distintas razas, diferentes culturales y religiones diversas. Un criminal es siempre un criminal, maten a niños en Siria, a discapacitados en San Bernardino o a los más feroces guerreros de las montañas del Kurdistán.

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