Crónicas de la Revo-ilusión

Occidente ante el espejo

05.12.2015 | 02:00

L a Decadencia de Occidente, obra del filósofo alemán Oswald Spengler, cuyo primer volumen fue publicado en 1918, vaticinaba el agotamiento de la cultura occidental. Al plantear cual es el verdadero motor de la historia, Spengler desdeña los grandes conceptos -libertad, derecho, humanidad, progreso, justicia, razón- a los que tilda de abstractos porque, en realidad, son una expresión de los mecanismos de poder. Un ejemplo de esta visión es la existencia del dinero o capital, un hecho superior a cualquier ideal. Ninguna constitución reconoce la fuerza del dinero como magnitud política, pero éste triunfa en las sociedades por encima de cualquier otro aspecto.

El dinero elige a los partidos dominantes y somete a la prensa a su dictadura. El sistema educativo también se ideologiza, mediante leyes creadas por los gobernantes al servicio de esa dominación. Según sus propias palabras: "el dinero piensa; el dinero dirige; tal es el estado de las culturas decadentes".

Para Spengler, "la paz mundial significa renunciar a la guerra por parte de una mayoría, que aunque no lo declare, está dispuesta a ser botín de los que no renuncian". Hoy, la civilización occidental dispone de un enorme potencial militar, pero flaquea en lo más importante: su fuerza moral.

El mundo árabe -junto a las potencias emergentes- reclama su derecho a participar del liderazgo global, al acceso a los recursos energéticos, a ser influyente y no objeto de explotación; como un actor interpretando su propio guión, en vez del que le dictan. En este proceso histórico, crecientes oleadas de inmigrantes y refugiados vienen a revitalizar a la actual Europa envejecida y desgastada.

La sociedad occidental está sumida en el hedonismo. La opinión pública permanece sedada por el exceso de información, conformando una masa acrítica de consumidores votantes en el interior de democracias planas. La teatralidad de los políticos es otro ingrediente más en la cultura del espectáculo.

Nuestro modo de vida, asentado sobre un modelo económico insostenible que hace aumentar la desigualdad, deviene en debilidad. La crisis de valores nos ha hecho vulnerables frente a la pujanza de pueblos, que forjan su carácter en la dureza del sufrimiento. Los yihadistas que siembran el terror, son parte de una complejidad mucho mayor de lo que estamos dispuestos a asimilar. Se trata de otra civilización que aspira a ser hegemónica, con el vigor de una población musulmana joven, que demanda un espacio geográfico para construir su futuro.

El espejo de Occidente nos devuelve la imagen de un cuerpo encerrado en una jaula de miedo, un esclavo capaz de vender su libertad, a cambio de sentirse protegido. Un ser que no acepta la realidad y prefiere olvidar la verdad de la vida, esperando a que otros hagan el trabajo sucio.
rafadorta.blogspot.com

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