Tribuna abierta

El Consejo Consultivo y el patrimonio cultural de Aguere

04.12.2015 | 02:00

En su Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de 1972, la Unesco insistía en la necesidad de "seguir estimulando la difusión internacional de obras literarias y artísticas entre el más vasto público posible, así como los intercambios en las esferas de la literatura, las artes plásticas y la música".

Acuerdos de esta naturaleza respaldan el fomento y la divulgación que el patrimonio cultural debe tener en nuestros días y, aunque instituciones de todo tipo aspiran a cumplir dicho principio, cobra sentido en una localidad distintiva e influyente como La Laguna.

Así lo ponen de relieve los actos programados por su Ayuntamiento para conmemorar el XVI aniversario de la declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, al tiempo que los vecinos -y en un sentido genérico, los residentes en el Archipiélago- tomamos conciencia de lo que ello significa en un territorio que aspira a la universalidad sin olvidar la idiosincrasia local.

Coincidiendo con esa efeméride, el Consejo Consultivo de Canarias, organismo jurídico dependiente del Gobierno, ha editado un libro para difundir los bienes histórico-artísticos que ha reunido en su sede durante las últimas décadas y que ha sido presentado el 4 de diciembre.

La iniciativa es loable y demuestra lo eficiente que puede ser la mediación de dichas entidades en la salvaguarda de nuestro acervo cultural, ya que a priori ese objetivo no se ajusta a sus fines y tareas cotidianas. En cualquier caso, propuestas de este tipo confirman que el interés por preservar un legado tan frágil y vulnerable es ya una aspiración colectiva, no limitada a quienes tienen competencias plenas sobre el tema.

La propia sede del Consejo, donde se presentó el libro, es una vivienda construida a mediados del siglo XVIII por la familia Montañés que fue rehabilitada después de 1985, y constituye un incentivo para la ciudad y su patrimonio arquitectónico.

Gracias a la gestión de sus dirigentes y a cesiones promovidas por el Cabildo de Tenerife, los viejos salones del inmueble, sus corredores y otras dependencias exhiben un volumen notable de obras, que supera los más de 160 objetos de interés que abarcan piezas tan diversas como pinturas, esculturas, tejidos, grabados, dibujos, piezas de plata y cristal, mobiliario, elementos de carpintería, instrumentos musicales, cerámica y una estimable colección de abanicos, producidas en su mayoría durante los últimos siglos.

A cargo del investigador Manuel J. Hernández González y con fotografías de Efraín Pintos, el inventario de bienes se ha convertido en una publicación de elegante formato y diseño gracias al trabajo de Gaviño de Franchy editores.

En sus más de 300 páginas el nuevo libro, que posee como título genérico Consejo Consultivo de Canarias. Fondo patrimonial, da cabida a las fichas catalográficas, textos introductorios, un elevado número de fotografías y estudios monográficos sobre piezas distintivas de la colección, firmados por Juan Alejandro Lorenzo Lima, Carlos Rodríguez Morales y Carlos Gaviño de Franchy.

En lo que me corresponde, afrontamos el análisis de dos pinturas con gran significación por sus cualidades artísticas y testimoniales: los retratos de José Jacinto de Mesa y de Tomasa Key que pintaron respectivamente Juan de Miranda [1723-1805] y Luis de la Cruz y Ríos [1776-1853].

Aunque muestran diverso formato y esquema, su adquisición reciente por parte del Consejo sirve de estímulo para aproximarnos a la plástica isleña y conocer la biografía de dos "vecinos notables de Aguere", cuyo recuerdo había desdibujado el paso del tiempo.

En este estudio aspiro a concretar esas premisas y demostrar que la efigie de ambos personajes codifica modismos aplicables a sus contemporáneos, los mismos que, de alguna u otra forma, construyeron y definieron la ciudad que hoy presume de ser un aliciente patrimonial para la Humanidad.

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