Aquí una opinión

Buenismo

02.12.2015 | 02:00

U na secretaria de comunicación de cierto partido político escribe en un periódico del sur de la isla sobre lo "conscientes que son de la urgencia de una Ley de Eutanasia". Dicha propuesta la valoro como otra ilusoria promesa que "tocaba" lanzar, ya que mi maldita buena memoria me hace recordar a una ministra de Sanidad, de su mismísimo partido, que rehusó cualquier debate sobre la eutanasia (porque "no era ni necesario ni conveniente" y porque "no había clamor popular" decía la muy ignorante). Esta atolondrada forma de intentar darle coba en pre campaña a cualquier mayor de 18 años, fue precisamente la sensación que me dejó la actuación el sábado 28 en televisión del líder de su formación, tan dispuesto él a gobernar el país. Contentar a todo el mundo, si hace falta, hasta convenciendo de que no se cumplirá el déficit con Europa, para así asemejarnos a Grecia (de triste recuerdo), aunque los helenos a ritmo de buzuki y nosotros al de castañuelas.

Fue precisamente Zapatero (¡y con quién si no!) el que permitió, durante su presidencia, acuñar el término que da título a esta columna, por la connotación bobalicona que arrastra, yo añadiría que como casi todas las decisiones de su mandato. Alguna web dedicada al idioma lo define como "puro sentimentalismo sin preocupación por los resultados". Y de eso estamos actualmente viendo/leyendo mucho. Todos andan haciéndose los simpáticos y con el populismo pegado a la lengua porque el 20 de diciembre está en juego la nómina.

El Cabildo decidió estos días derribar el obelisco de Las Raíces. La explicación dada es la firma ¡hace 7 años! de una Ley de Memoria Histórica. Los pedruscos se van a utilizar en el pavimento de carreteras, quizás podrían haberlo usado en la restauración de la fachada de nuestro Palacio Insular tan afeado desde hace meses por unas vallas cochambrosas. Personalmente, y al margen del asco que sentí siempre por Franco, opino que una buena tarea es buscar, con seriedad y responsabilidad, cualquier fosa común que albergue restos de víctimas del régimen por respeto a sus familias y a los fallecidos, pero otra muy distinta es ir tumbando lo que podría servir como enseñanza a los nacidos tras esos infames años, de aquello que no se debe permitir que se repita. Mejor hubiesen quedado si, en su momento, hubiesen requisado los bienes heredados por los Franco para destinarlos a los que perdieron la vida y el honor en los años fascistas.

Quizás este pronto demoledor sea fruto de la ventisca de acciones pro votos que decía antes pero a mí me suena más a que, habiendo permitido tal grado de deterioro en el monumento (como la mayoría del patrimonio de cualquier tipo en esta isla), peor resultado era arreglar el desaguisado para reconvertirlo, en uno de una serie de ejemplos de, nos guste o no, parte de nuestra historia. Si los hacemos desaparecer, nuestras futuras generaciones llegarán a la misma conclusión que los que niegan el holocausto: no existió. Además estas cosas se sabe (¿) cómo se empiezan pero no cómo terminan. Ya puestos ¿por qué no destruir el Cañón Tigre? Al fin y al cabo el malvado Nelson quería invadir la ciudad. Habría que saber qué tenía programado para después€

Viajando por Alemania, me ofrecieron una excursión al Kehlsteinhaus, más conocido como Nido del Águila. Fue morada de Hitler y allá sube la gente para gozar de las vistas y para confirmarse en la idea de que nunca más. Los museos en que han convertido el antiguo campo de concentración de Auschwitz en Polonia ha sido lugar de encuentro desde historiadores y jefes de estado hasta grupos de estudiantes y descendientes de los que allí murieron. Habría que preguntarles a los romanos el porqué de que el Coliseo sea una atracción turística con los cientos de miles de personas que sufrieron tortura en su arena.

Hitler daba el mismo repelús que Franco (y que muchos gobernantes actuales de diferentes países, a algunos de los cuales incluso, les reímos las gracias) pero esos ejemplos que cito, como tantos otros, se han mantenido por obligación moral hacia el conocimiento del pasado. No por gusto. El hecho de que una pandilla de nostálgicos celebre misas el 20 de noviembre no tiene relevancia alguna, son restillos del bochorno que producía la iglesia católica paseando bajo palio al dictador, agasajado por sacerdotes, obispos y otros cargos de poca envergadura moral.

Se decía del recientemente fallecido Helmut Schmidt, que tenía la virtud de saber tomar las decisiones oportunas y valientes, por arriesgadas y difíciles que éstas fueran. El periodista Ignacio Sotelo lo define como alguien que se distinguía por hablar claro, llamar a las cosas por su nombre, saltarse las normas y convenciones siempre que fuese imprescindible para controlar una situación. O sea, la definición de un hombre valiente que ejerce el cargo con eficacia, aunque ello le suponga perder votos. ¡Qué lejano me parece!

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