Tribuna abierta

Educación solidaria

30.11.2015 | 00:02

U n territorio puede ser el más rico del planeta en recursos naturales que si no dispone de profesionales, de personas preparadas que puedan aprovecharlos, no le servirán de nada. Esta máxima, que parece lógica y con la que todos debemos estar de acuerdo, no siempre es bien entendida por los responsables políticos en materia educativa.

En Canarias y sobre todo durante los últimos años ha ocurrido lo contrario, nos empobrecemos irremediablemente en capital humano y no generamos riqueza social. Esto es especialmente grave en las islas con población escasa, como es el caso de La Gomera, donde las oportunidades de trabajo son más limitadas que en las islas más desarrolladas.

Lo que venimos padeciendo es que desde que un joven destaca en cualquier materia suele emigrar; muchos han sido los perjuicios causados por este fenómeno denominado "fuga de cerebros". Un grave problema que no solo tiene consecuencias negativas para quienes se ven obligados a marchar de su hogar con el consiguiente desarraigo, sino que también implica que se pierda la inversión realizada en materia educativa y que, además, se reduzca el capital social de la isla.

El Cabildo de La Gomera ha destinado más de 1,2 millones de euros en becas de estudio, en los convenios suscritos con las universidades, gratuidad de libros de texto y ayudas al transporte en distintos niveles formativos, siendo además, ayudas compatibles con las que otorgan otras administraciones. En nuestro ánimo está la corrección de los desequilibrios. A pesar de ello, las universidades canarias han seguido perdiendo alumnos, más de 6.000 en la última década.

El Gobierno de Canarias debe ser más solidario con los territorios no capitalinos. Ello pasa por realizar un sobre esfuerzo en política educativa y conceder más ayudas para los estudiantes de las islas menores. No podemos seguir como hasta ahora, con una política de becas y ayudas al estudio cuya gestión no ha funcionado bien. Se tarda en resolver los expedientes y, finalmente, cientos de jóvenes se ven obligados a abandonar sus estudios. Y todos sabemos que la falta de formación multiplica las posibilidades de caer en la exclusión.
Es necesario que se actúe con digilencia y eficacia para que nadie se quede tirado en la cuneta. De no seguir así, seguiremos apostando por el despoblamiento. En política educativa es necesario ser especialmente sensible con el hecho insular y la doble insularidad. ¿Tiene acaso un coste similar para una familia que resida en Tenerife o Gran Canaria enviar a sus hijos a estudiar a la universidad, que para quienes viven en La Gomera o El Hierro? La respuesta es clara y, por eso, la Administración debe dar mayor respaldo a los estudiantes y, especialmente, a los procedentes de islas menores, que tienen que asumir un doble gasto como consecuencia de los obligados desplazamientos y cambios de residencia.

No podemos olvidar que las becas son instrumentos para formar a profesionales y que con ellas se ayuda al desarrollo social de una comunidad o territorio. Tenemos que promover la excelencia para que nuestros jóvenes puedan crecer como personas y profesionales en su isla de origen. Solo así creceremos como pueblo e islas.

El camino, sin lugar a dudas, pasa por trabajar en promover una mejor formación y generar capital humano rompiendo las barreras de la doble insularidad. Es obligado evitar una Canarias de dos velocidades; el archipiélago debe estar vertebrado, cohesionado y contar con una política educativa solidaria con aquellos que menos recursos tienen. Es, además, necesario asegurar el carácter universal de la educación y garantizar que ningún estudiante se quede sin posibilidad de formación por falta de recursos.

Por este motivo, ha intervenido recientemente en el Parlamento de Canarias solicitando al Gobierno de Canarias que destine más medios para que sean atendidas las necesidades de todos los estudiantes canarios, especialmente aquellos de las islas de El Hierro, La Gomera y La Palma.

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