Artículos de historia

Tenerife y las papas en 1916

28.11.2015 | 03:17

En la obra Los símbolos de la identidad canaria el catedrático de antropología de la Universidad de La Laguna, Alberto Galván Tudela, expone toda una serie de datos sobre el significado de la papa, señalando su importancia a lo largo de la historia de nuestro Archipiélago. Su introducción se remonta al siglo XVI, alcanzando durante las centurias siguientes una mayor difusión a partir de la crisis de monocultivos como el azúcar o el vino. En la actualidad, el denominado tubérculo tiene un papel fundamental en la gastronomía canaria, considerándose uno de sus elementos más representativos. En ese sentido, Galván Tudela ofrece toda una serie de detalles respecto al significado que en la estructura familiar ha tenido la papa, pues traspasa su simple importancia económica para incluirse en otros espacios de nuestra vida, formando parte del "grupo doméstico, las relaciones de vecindad, la fiesta, e incluso en nuestra valoración de la riqueza, de la buena suerte, la comensalidad?". Hace un siglo, según recoge el investigador e historiador orotavense Antonio Luque Hernández en su obra La Orotava, corazón de Tenerife, el Valle de La Orotava llegaría a producir en torno a unas 20.000 toneladas de papas. A partir de ese contexto señalamos que la situación de tal cultivo nunca ha sido fácil, reflejando como ejemplo un artículo bajo el título Las Patatas. A prohibir la exportación, publicado en el periódico El Progreso el sábado 19 de febrero de 1916, disponible en la red gracias al portal Jable de la ULPGC. En ese sentido, su autor, analizando las circunstancias y el contexto de tal periodo histórico, ofrece una opinión sobre el encuentro de la Comisión de la Cámara Agrícola ante el Gobernador Civil, indicando que la Comisión presentó un informe en el que señalaba que el precio de la papa era por entonces de 17 pesetas los 100 kilos, asegurando ser un precio "que no excede al de otras capitales de la Península". Sin embargo, el autor del artículo advierte que la Cooperativa no forma parte de un establecimiento regulador abierto a todo el pueblo de Santa Cruz de Tenerife, pues, en tal entidad tan solo "pueden realizar compras sus accionistas, porque precisamente fue creada para beneficio de los que contribuyesen a su fundación". A todo ello se continúa afirmando que la Cooperativa debía regirse por una norma en la que el precio era establecido a través de un contrato. Al mismo tiempo, expone que las cifras manifestadas ante el Gobernador Civil no son del todo reales, pues, frente a la defensa de 17 pesetas expuesta por la Cooperativa, la realidad es que alcanzaba las 30 pesetas los 100 kilos. No duda en expone el autor del artículo una crítica contra el alcalde Casariego, al asegurar que no tenía ningún interés en modificar el precio del tubérculo por no ser beneficioso para sus intereses. Sin embargo, frente a tales opiniones, recurre el articulista al testimonio de un agricultor conocedor del tema, Luis Díaz, exponiendo éste la necesidad de conocer la presencia real del número de papas existentes en las diferentes localidades para valorar su consumo, y, de esa forma, evitar en parte la exportación, con la finalidad de asegurar un mínimo de cultivos para el ámbito local ante la carencia de cosecha suficiente.

En definitiva, hemos analizado brevemente la compleja situación que en 1916 se manifestaba en torno al cultivo de la papa en Tenerife, ante la necesidad de encontrar una solución adecuada para un mismo problema que afectaba a los miembros de la Cooperativa Agrícola, las autoridades competentes y los agricultores.

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