Tribuna abierta

Uno de Podemos hablando de Venezuela

28.11.2015 | 03:17

Quieren hablar de Venezuela, nos preguntan en todas las entrevistas, lo usan como arma en las tertulias, así que allá voy, hablemos de la octava isla. Allá emigró la generación que nos precede, la anterior a Cuba y la nuestra, como ya existe el lowcost y Skyscanner, pues ampliamos el abanico de posibilidades a los cinco continentes.

Pero algo no ha cambiado ni un pelo con respecto a nuestros padres o nuestras abuelas: los motivos de la huida. Siempre imaginamos, porque así quisieron que lo imagináramos, que íbamos a vivir mejor que ellos. Nadie nos contó que en Canarias, en pleno 2015, solo dos de cada diez jóvenes podría emanciparse y que el paro juvenil rozaría el 60%. Nadie nos lo dijo. Y la traducción a la realidad de este dato es terrorífica. En Canarias hay más jóvenes en paro que trabajando. No hay que ser un genio de la economía o las ciencias sociales para saber que esto es insostenible.

Por si fuera poco, dos datos más ayudan a completar el panorama apocalíptico. De las pocas personas más jóvenes que tienen trabajo, el 60% goza de las maravillas y virtudes de un contrato temporal, lo que hace probable que mientras escribo esto, muchas de ellas mañana vuelvan a abrir el Infojobs y a imprimir copias del currículum.

Y la guinda del pastel. Si a pesar de las estadísticas, desafiando las matemáticas, alguien joven tiene trabajo en estas islas, disfrutará de un 22% menos de sueldo que hace solamente dos añitos, situando el salario medio juvenil en unos flamantes 800 euros. Repito, el salario medio.

Conclusión esquemática: si en Canarias viviéramos sólo diez jóvenes, seis estaríamos en paro, dos tendrían un trabajo temporal y dos un contrato fijo, cobrando un sueldo de miseria y viviendo en casa de sus benditos progenitores por los siglos de los siglos.
Con este panorama es normal que hablemos de Venezuela. Antes se iban en el Telémaco, ahora en Ryanair; antes mandaban cartas cada cierto tiempo, ahora nos conectamos al Skype desde algún cuchitril en Londres, México D.F. o Barcelona. Pero los motivos siguen siendo los mismos: la imposibilidad material de tener una vida digna en tu propio país, en tus propias islas, causada por años de robo y saqueo de unos señores con traje y corbata que salen en la tele diciéndonos que las cosas están mejorando, que "los grandes indicadores macroeconómicos muestran signos de recuperación".

Pero todo esto tiene solución y va a llegar prontito, no queda ni un mes. A partir del 20 de diciembre, cuando deroguemos la reforma laboral, cuando aumentemos la inversión en servicios públicos reconstruyendo el Estado del Bienestar y generando miles de empleos de calidad, cuando impulsemos el sector primario modificando la injusta política de aranceles y diversifiquemos la economía poniendo la investigación y la innovación en el lugar que merecen, entonces tendremos un país, tendremos unas islas, de las que nadie tendrá que irse contra su voluntad y en las que encontrar trabajo decente no sea una película de ciencia ficción de serie B.

Entonces, y solo entonces, podremos dejar de hablar de Venezuela y las tristes historias de emigración que cuentan nuestros mayores y que tanto miedo nos da tener que volver a repetir.

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