Desmadejando la hebra

Las pistolas no dan miedo

27.11.2015 | 02:00

P oco importa la lluvia y que el día esté gris. Siete días después de los atentados de París los ciudadanos de la ciudad de las luces salen a las calles portando flores y velas como si se trataran de Penaltes familiares que brindaran protección y sosiego a esas almas muertas que ahora vagan en un oscuro limbo no elegido.

La amenaza yihadista puebla Europa: el gran infiel, el corrupto, el apóstata e impío Occidente al que hay que combatir hasta la muerte. La yihad global, la guerra sin cuartel contra el hedonismo y el libertinaje se hace viral. Y mientras, Europa se cierra a cal y canto, con el respaldo de los 28, para reforzar las fronteras interiores y salvaguardar el espacio Schengen sin hacer distinciones entre ciudadano comunitario o extracomunitario. Se cierra la puerta de Europa, se acaba con la libertad. Se fulmina el principio europeo de libre circulación de personas; el PNR (el registro de pasajeros) está en marcha, las libertades se recortan, se limitan.

Los atentados de Francia han puesto en alerta a Europa, nivel 4 sobre 5. Así se calibra ahora nuestra seguridad y por ende nuestra libertad; ¿qué queda de nuestra libertad? ¡Guerra! Grita con la fuerza de un huracán Hollande arrogándose un espíritu pasado donde las soluciones sólo pasan por apretar el gatillo. Y los ciudadanos, ¿queremos ser responsables de poner el ojo en el objetivo y pam, disparar? Quizás esperan, como siempre, a que la costumbre haga acto de presencia porque no se puede hacer otra cosa, y porque uno se acostumbra a todo. Y también porque ninguna emoción, humana, ni siquiera el miedo, es tan fuerte como la costumbre. Keep calm and carry on.

Mantengamos la calma y sigamos adelante. Pero hay que hacer visibles las causas. Tenemos que deshacernos de este injusto yugo sobrevenido, ajeno, que ahoga nuestra libertad. No somos responsables nosotros, los ciudadanos, no, son ellos, los de siempre, los que se reúnen en las Azores, los reyes del petróleo, los mismos que declaran guerras abiertas al son de la Marsellesa y bajo el acorde de las armas de destrucción masiva, son aquellos que trafican con armamento, con personas, con financiación y con recursos naturales que nutren las arcas del Estado Islámico. Muchas de sus malintecionadas acciones las realizan apoyándonse en las lagunas mentales de los indefensos, de los inocentes, de los limpios de corazón. Por que así es la vida, llena de contradicciones e incertidumbres, oscura a veces, peligrosa otras, no elegida, muchas veces.

Turistas, musulmanes franceses y policía se mezclan en un extraño carnaval de realidades donde la procesión, la tragedia contenida, la sospecha y el prejuicio, van por dentro, o no. La comunidad musulmana francesa se pronuncia intentando apartarse de aquellos malos musulmanes: los que no acuden a la mezquita, los que llevan una vida al margen de la rectitud del Corán, aquellos, la mayoría, jóvenes de entornos vulnerables, desarraigados de la identidad nacional, excluidos socialmente, que padecen los males del capital -como lo puede padecer cualquier otro ser de éste planeta-, la falta de oportunidades sociales y económicas, éstos, "no son musulmanes", dicen los que ahora abren sus puertas como muestra de condena hacia los atentados de París para trasladar el mensaje de que el Islam no es terrorismo sino Paz. Pero dar explicaciones, la mayoría de las ocasiones, dificulta cambiar la mirada hacia "el otro", -máxime cuando se relaciona con hechos violentos- mezclando religión, cultura, política, y el sumatorio conlleva la pérdida de vidas; se torna complicado entenderlas y separarlas de los prejuicios identitarios respondiendo a la agresión con agresión, el odio con odio y el "Si quieres matar mata, pero en tú país".

Sociedad, Estado, cultura, religión, política, identidad étnica, identidad nacional, intereses económicos, geoestratégicos, radicalización, adoctrinamiento, falta de procesos de democratización en los países árabes, favorecer oportunidades sociales, y así un largo etcétera. ¿Cuál sería la solución a toda esta maraña de causas? ¿La guerra? Sinceramente, para mí, no. Rompamos con la costumbre de que la respuesta sea la venganza. La guerra europea en Siria no derrotará al Estado Islámico; para muestra tenemos lo que sucedió en Irak, en Afganistán y en Libia. La guerra solo engendra más guerra. Las soluciones deben pasar por una acción conjunta de todos los actores implicados en el proceso -Estados Unidos y Rusia, Arabia Saudí, Irán, Turquía-, bajo un firme propósito, el diálogo político.

"Las pistolas no dan miedo" así de claro se lo trasmitió una madre parisina a su hija Florian haciéndome pensar si ésa frase escondía cierto espíritu cívico patriótico de corte rousseaniano o quizás una sensible explicación a lo inexplicable: que en el amor y en la guerra todo vale.

¡No a la guerra!

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