La Ciprea

Apología de la violencia

23.11.2015 | 23:46

N o estoy disculpando un crimen por el hecho de decir que el asesinado se lo merecía o se lo había ganado a pulso. "El que a hierro mata, a hierro muere". Eso nos lo enseñó el señor maestro en la escuela cuando yo era pequeñita explicándonos cómo algunas doctrinas y pueblos lo llevaban a rajatabla y nadie acusó al señor maestro de apología del crimen. ¡Qué necedad! No hay libro sagrado que no utilice sus discursos para justificar la venganza de los dioses y el trágico final de los malvados a manos de los justos y no por ello conozco a predicador que se precie que rechace tales versículos, como no conozco a historiador ilustrado que no mencione el eterno "ojo por ojo" de nuestra querida Edad Media y de algunas culturas que sobreviven a nuestro lado y no por eso se le imputa que haga exaltación de la violencia.

Nadie se puede sentir enojado si me pongo a opinar sobre aquellos que celebran determinadas penas en consonancia con los delitos cometidos por un criminal. Y si alguien se sintiera herido o conmovido por tales actitudes, simplemente decirle que no se sienta mal por ello, que somos muchos los que nos alegramos de que se haya dado escarmiento a quien nos hirió de alguna manera. Quizá yo no lo haría, es cierto, pero celebrar que otro lo haga, si que lo celebro. Lo decimos en voz muy baja para no parecer políticamente incorrectos, pero lo cierto es que nos sentimos complacidos por tales castigos sin tener necesidad de mancharnos las manos. Que las manos ya se las manchan otros.

Es por eso que me asombra la postura de quienes dicen que señalar a alguien como merecedor de cárcel o condenas aún más duras y aplaudir que se las hayan dado, es estar haciendo apología de la violencia. Ahora resulta que yo soy tanto o más o lo mismo de violenta por pedir la cárcel o sanciones aún mayores o por alegrarme (si, alegrarme) de que le hayan pegado un tiro a quien me ha dejado tirada en una cuneta después de robarme el honor o la hacienda o después de violarme y matarme de un hachazo en la cabeza. Opinar que debe castigarse a quien ejerce la violencia equivale, según ellos, a ser tan violenta o más que aquel que violó, torturó y dejó muerta a su víctima en un descampado. Pedir que quien me defraudó sea defraudado, quien me torturó sea torturado y quien me asesinó sea asesinado, ahora lo llaman apología del crimen. ¿Cómo llamar, entonces, al que defiende a quien hiere, humilla, viola, maltrata y asesina a una mujer? Necesito saberlo.

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