Zigurat

Barbarie en París

20.11.2015 | 23:24

D el todo atroz la masacre perpetrada en París el pasado viernes 13 de noviembre. Siguiendo las barbaridades cometidas en Nueva York, Madrid o Londres, por ejemplo, los yihaidistas han manifestado su absoluto desprecio por la condición humana.

Cuando escribo estas líneas son 139 muertos y 415 heridos las víctimas del desmedido rencor que tanto le entusiasma al vomitivo terrorismo integrista. Los terroristas del Yihad parecen ser una prolongación del ulema Ibn Taqmiyya (1263-1328), todo un perfecto fanático acorde con la brutalidad de su época, quien sería "relevado" por Sayyid Qutb (1906-1966), posteriormente reemplazado por Osama Bin Laden (1957-2011), y ahora por el siniestro Estado Islámico [EI].

Conforme a lo preconizado -y realizado en algunos puntos geográficos- por los pensadores islamistas -del todo paradójico, que hayan existido y existan pensadores absolutamente descerebrados, cretinos que le rinden culto a la cretinez-, la aparición radical yihadista, como el ya aludido EI, ha recrudecido sus acciones tras el 15-S y la última guerra de Afganistán (la I: en contra de los británicos; la II en cruda oposición a la URSS, y la III, violentamente hostil respecto a EEUU y sus aliados). Posteriormente, el asesinato de Anuar el-Sadat (1918-1981). Después, la aparición del iluminado Ayatolla Jomeini (1902-1989). Más tarde, cuando se logra abatir a en el fondo controvertido Osama Bin Laden (1957-2011). Y a continuación, la llamada Revolución Árabe, que derrocó y asesinó a Muamar el-Gadafi (1942-2011). Un proceso, el de la Revolución Árabe, dirigido desde París, Londres y Washington, esencialmente, y cuyas consecuencias han sido las propias de un boomerang, y éste inicialmente ideado por determinados servicios de inteligencia que actuaron como "aprendices de brujo", lo cual han demostrado fehacientemente.

La masacre acaecida el pasado viernes 13 en París ha sido del todo nauseabunda, perpetrándose una acción de una crueldad sin límites dirigida al género humano, una verdadera barbarie. Muchos de los pensadores islamistas contradicen la misma condición sustentada en el hecho que supone pensar, o sea, reflexionar, meditar adecuadamente en aras de una Humanidad mejor, esto es, demostrar o intentar ternura por el género humano. Constituyen una verdadera aberración, equiparándose al estalinismo y al nazismo, y pocas son las diferencias, si es que las hay. Y en esa cerebral, intensa y decidida lucha contra el terrorismo yihaidista, también ha de tenerse en cuenta qué papel juegan los fabricantes y los exportadores de armas, cuál la misión de los que participan directa o indirectamente -militar, diplomática o políticamente- en prácticas eliminatorias de mujeres, hombres, ancianos y niños. Dicho papel, tales misiones quizá se desarrollan en lujosos palacios y consagradas sedes institucionales. De esto no cabe la menor duda.

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