Luz de luna

La venta internacional de armas

17.11.2015 | 23:36

L a opinión pública internacional se ha volcado en contra de los atentados acaecidos en París el 13 de noviembre por miembros de Estado Islámico, en una muestra de solidaridad con las familias afectadas y la necesidad de seguir reclamando una sociedad donde puedan coexistir pacíficamente religiones e ideologías.

Esta realidad es la imagen que se nos ha vendido en los distintos medios de comunicación, pero ninguno ha sido capaz de plantear un enfoque distinto en relación a la circulación de las armas a nivel mundial, los intereses creados de por medio, la necesidad de potenciar conflictos bélicos para garantizar un continuo funcionamiento del mercado y los efectos colaterales de su utilización.

Francia llora a sus muertos, pero su Gobierno esconde otra característica propia de una potencia de corte imperialista: en un informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo de 2014 se señalaba que el ranking de los principales países fabricantes y exportadores de armas estaba formado por Estados Unidos, Rusia, Alemania, China y Francia, clasificación en la que también tenía cabida España, ocupando el séptimo puesto del que más armamento exportó entre 2010 y 2014.

Aquí es donde comienza una de las principales claves de todo el conjunto de asesinatos y masacres que se suceden sin piedad en África y Asía. No podemos dar por válido el planteamiento de que cada uno de esos países vende oficialmente ese armamento a otros donde no existen grupos terroristas o conflictos civiles porque su tráfico es más amplio y menos transparente que cualquier noticia que se dé al respecto sobre este tema. Además, hay que relacionar esa venta con la geopolítica, que determina que un país redistribuya su propio armamento a otros que sí están dentro de listas negras y que los apoyan o potencian, lo cual provoca que se le pierda su rastro y que acabe en un amplio mercado negro, que puede derivar en acciones como la acaecida en Francia.

De este modo, en ese informe se indica que España le vendió armas a Arabia Saudí (donde impera la rama sunita del Islam), que está en la mira de Estado Islámico (también de la misma naturaleza) por su relación con Estados Unidos y por ubicarse allí los dos centros sagrados del Islam (La Meca y Medina), pero no olvidemos que la propia Arabia Saudí financió a grupos vinculados con el islamismo con el fin de contribuir al derrocamiento del presidente sirio Bashar al Asad (perteneciente a la rama chiíta de esa misma religión). ¿Comprenden el ciclo de las armas y el cambio de manos? Por eso hay que ser más críticos y cuestionar la actitud del país galo, que tiene un amplio mercado armamentístico en Marruecos (como antigua colonia), donde hay células yihadistas y en el cual se reproduce ese cambio reseñado.

La situación se vuelve aún más dramática si se tiene en cuenta que tampoco se cumple el Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas, donde consta una cláusula que impide exportarlas si con ello se contribuye a cometer un genocidio, crímenes de lesa humanidad y ataques contra la población civil, y al cual se abstuvieron China o Rusia, entre otros, porque esas guerras son fuente de crecimiento de sus economías.

Por eso, cada uno llora a sus muertos de una determinada manera, y la culpa de todo no la tiene la utilización del Kalasnikov como arma común en este tipo de actos violentos, sino quienes sostienen los hilos de ese importante tráfico comercial mundial que genera millones a costa de fomentarlas para justificar su peso en el producto interior bruto nacional. Solo cuando el mal nos toca de lleno es cuando cuestionamos el sistema que tanto alimentamos a conciencia.

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