Tribuna abierta

Una Iglesia y miles de historias gracias a ti

14.11.2015 | 02:00

A fortunadamente, ya van pasando aquellos tiempos en los que se identificaba la Iglesia con los curas y las monjas. A ello, sin duda, ha contribuido -desde 1984- la celebración anual del Día de la Iglesia Diocesana. Una efemérides que este año 2015 tiene lugar el domingo 15 de noviembre y en la que, como siempre, se nos invita a los fieles a tomar conciencia de que la Iglesia somos todos los bautizados y que juntos formamos el Pueblo de Dios con gentes de toda raza, lengua y nación.

Los fieles católicos que vivimos en Tenerife, La Gomera, El Hierro y La Palma, formamos la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna o Diócesis Nivariense. Somos una porción del Pueblo de Dios que, por la acción del Espíritu Santo, constituimos una comunidad viva de fieles que se alimenta de la Palabra de Dios y de la Eucaristía y que tiene la misión de anunciar el Reino de Dios e instaurarlo en el mundo.

Todos debemos participar en la vida y misión de la Diócesis. Yo, por mi condición de obispo diocesano, tengo la responsabilidad de guiar y cuidar esta parcela concreta del Pueblo de Dios. Cuento para ello con la valiosa e imprescindible cooperación de los sacerdotes, la ayuda de las religiosas, religiosos y otras personas consagradas, la colaboración de miles de laicos en la catequesis y las celebraciones litúrgicas, en la enseñanza religiosa escolar, en la acción caritativo-social y en la atención a los enfermos, así como la actividad y el testimonio apostólico de los miembros de diferentes movimientos y de asociaciones de cristianos seglares. A todos ellos les quiero expresar mi reconocimiento y gratitud por su labor, muchas veces sobrecargada para poder cubrir la falta de otros muchos agentes de pastoral que precisa una Diócesis tan poblada como la nuestra.

Pero, además de estos, todos los bautizados, cada uno según su condición y posibilidades, deben mantener viva y activa la Iglesia Diocesana. Y así sucede en buena medida, pues nada sería igual si faltaran quienes ponen su granito de arena en beneficio de todos. Por eso, como dice el lema de este año, con toda razón podemos afirmar que somos "Una Iglesia y miles de historias gracias a ti", porque nada hay en la Iglesia al margen de lo que hacemos quienes pertenecemos a ella.

Impulsados siempre por la gracia de Dios que es "el que produce en nosotros el querer y el obrar, conforme a su designio de amor" (Filp. 2, 13), la historia de nuestra Iglesia Diocesana en su conjunto y la de nuestras parroquias, movimientos, grupos y asociaciones, incluso la historia personal de cada cristiano, es reflejo de nuestro grado de participación en la actividad y en la vida de la Iglesia.

Cuando pasamos delante de la Catedral o de cualquier iglesia, ermita o capilla, cuando vemos el Seminario Diocesano, cuando contemplamos las imágenes de nuestros templos, las casas y salones parroquiales, cuando vemos un sacerdote, un catequista, una monja, etc. podemos decir con orgullo "ese edificio se ha hecho gracias a mí", "hay sacerdotes gracias a mí", "esta o aquella persona vive una fe comprometida gracias a mí", "muchas personas son cristianas gracias a mi". Sí. Es verdad. Todo eso es posible "gracias a ti". Sí. "Gracias a ti" que no has echado en saco roto la gracia de Dios, sino que la has hecho operativa con tu participación activa y responsable en la vida de la Iglesia. Nuestra colaboración en la vida y misión de la Iglesia, por pequeña que nos parezca, no cae en saco roto, sino que produce frutos abundantes para bien de todos.

Es imprescindible nuestra colaboración en todos los sentidos y aspectos. Particularmente, el Día de la Iglesia Diocesana, se nos recuerda que es muy importante nuestra colaboración económica porque sin ella, nuestra parroquia, nuestra Diócesis, no podría desarrollar gran parte de la labor que ofrece a todos: labor caritativa y social, catequesis parroquial, celebración de los sacramentos, la presencia y servicio de los sacerdotes. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades supone nuestra prestación personal, nuestra participación activa y responsable en sus tareas, nuestra aportación económica. Si estás bautizado, formas parte de una familia y debes colaborar para bien de todos.

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