Tribuna abierta

Testigos de cargo

12.11.2015 | 02:00

Testigos de cargo (2015) es el título del nuevo libro de poemas de Bruno Mesa, quien, además de éste, acaba de editar sus diarios romanos, No guardes nada en tus bolsillos; y la traducción de El diario de Kaspar Hauser, del poeta italiano Paolo Febbraro. Conozco y leo a Bruno desde hace quince años: exactamente desde que ganó el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe a la Joven Creación por su primer libro, El laboratorio (2000). En aquel laboratorio inicial ya había textos dignos de memoria y relectura, que fueron celebrados por el jurado y la crítica como aquello que los años confirmaron: las pruebas tempranas de un poeta original y valioso al que los distintos géneros ensayados, y la madurez, han convertido en uno de los más singulares escritores españoles de hoy día, ya sea a través del poema, el relato breve, la novela, el aforismo o el ensayo.

Dividido en tres partes, estos Testigos de cargo, en la primera de ellas, puede entenderse como las impresiones de un viajero y su distancia crítica, la distancia del intérprete, con lo que ve: la ciudad de Roma, un contexto rico en historia donde los hombres se mezclan con los dioses en un festejo cotidiano de lo sagrado y lo profano. Leyéndolo, uno no puede dejar de recordar al Goethe de las Elegías romanas. Hay en este último libro de Bruno una poética de las ruinas, ya explorada por otros escritores, que lleva al autor a una reflexión moral sobre el tiempo, sobre las costumbres de los hombres que lo encarnan y lo habitan, tratando de eternizarse y perdurar hasta ser devorados por él. El bellísimo incipit del libro ya nos da una pista más que suficiente sobre ello: "No hace falta que entres en los museos: ..." Escribe Bruno haciéndonos recordar un haiku de Yorgos Seféris.

Siempre le sirvieron las imágenes al poeta para pensar y hacernos pensar. Si en la primera parte es Roma la protagonista, en la segunda el regreso a la isla se convierte en el dramático escenario de una decepción; un desencanto que encuentra nuevas y distintas ruinas donde el poeta sólo ve cementerios, perros abandonados, fantasmas, jóvenes sin futuro ni noción de trascendencia, y una lenta e incorregible decandencia al sol ni saciada ni cumplida. Compren y lean este libro: tras él hay un gran poeta y un gran escritor.

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