Obituario

Baltasar de Zárate

12.11.2015 | 02:00

M e enteré a través de su familia que el ilustre y prestigioso tesorero del Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla durante muchos años, Baltasar de Zárate, ha dejado de existir víctima de una cruel enfermedad semanas pasadas en dicha capital andaluza.

Conocí a Baltasar desde muy joven pues fui gran amigo de su familia, concretamente de sus padres, que lo eran de los míos, y de sus hermanos, especialmente de María Paz, gran farmacéutica y emprendedora, y José Eugenio, también ilustre secretario de Administración Local que rigió el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife durante varios años y después fue presidente del Real Club Náutico en dos mandatos con gran éxito y dedicación, y por esto sé de anécdotas de su inquieta vida cultural, profesional y política.

Era un hombre amable, muy bien parecido físicamente, lleno de humanidad y cultivador de ese preciado bien que es la amistad y la bonhomía.
Y así son las vueltas del mundo: ocupó después de haber sido tesorero del Cabildo Insular de Tenerife, el mismo cargo de interventor general en el Parlamento de Canarias, en la calle Teobaldo Power. Y dio la casualidad y creo que irrepetible, que ocupó la misma oficina, mesa y despacho que lo hizo su padre D. José de Zárate, cuando lo fue de la Mancomunidad Provincial Interinsular.

Hacíamos excursiones al Sur de la Isla y otras rutas, y sobre todo convivimos y trabamos amistades comunes en la ciudad de Aguere, donde adquirió un piso y un local, que casi siempre ha estado cerrado, posiblemente debido a sus largas ausencias.

También le tocó andando el tiempo la fibra política, presentándose a unas elecciones generales como diputado al Congreso pero por el partido presidido por Manuel Fraga, Alianza Popular, en coalición con el Partido Demócrata Popular y Unión Liberal presidida por Segurado (Coalición Democrática). Con el esfuerzo de todos, en la campaña en que todos los militantes y cargos del Partido luchamos, obtuvo el escaño en el Congreso del que tomó posesión y tuvo una actuación brillante.

Tuvo una gran actividad y responsabilidad en el Ayuntamiento de la bella y gran ciudad hispalense tan ligada a Canarias desde la época de la Conquista y Descubrimiento de América, y al poco tiempo de jubilarse, hace escasamente un año, empezó a sentirse mal y fue como dijimos al principio, víctima de una cruel enfermedad que ha causado hondo pesar en su Laguna y Tenerife natal.

El viernes pasado día veinticinco se celebró la solemne misa funeral en la Catedral de Los Remedios de San Cristóbal de La Laguna. Constituyó una auténtica manifestación de duelo, toda la nave central estaba atestada de fieles, y la solemne misa cantada fue presidida por el párroco titular actual, D. Julián de Armas, que hizo como siempre una homilía magistral.

Al final se leyó una semblanza de Baltasar, escrita y redactada por su hermano José Eugenio, en que resaltó al igual que D. Julián, su profundo sentir religioso practicante hasta el punto de que hizo dos cursos de Teología y Filosofía en el Seminario Diocesano. Se internaba
periódicamente en convivencia con los frailes de la Trapa, y en especial de Fray Tomás y poseía una gran Biblioteca de estudios y comentarios evangélicos, presidido siempre por la virtud teologal de la Caridad.

En la presidencia familiar estaba su hija Mencia de Zárate Pérez de Ascanio, hermana política Guillermina Bravo de Laguna y demás familiares.
Descanse en paz el querido y admirado amigo, haciendo expresión de mi más profundo sentimiento a toda su familia por tan irreparable pérdida cuando empezaba precisamente su jubilación y por tanto la liberación del trabajo cotidiano y los horarios fijos.

Que Dios lo tenga en su gloria para siempre.

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