Hablando en plata

Sin estudios, no hay futuro

10.11.2015 | 23:11

En épocas pasadas el poder estudiar, en la mayoría de las ocasiones, simplemente recibir una formación básica, se consideraba un privilegio solo al alcance de los ricos. Los hijos de la clase obrera se tenían que conformar con aprender a escribir y a sumar vagamente, puesto que con no más de 12 o 14 años deberían de ayudar a los padres en sus labores. En aquel tiempo, y me refiero a principios del siglo XX, el poder acudir a la universidad era algo exclusivo de hombres, y para más inri estos pertenecían en su mayoría a una determinada clase social, aquella que se permitiese el poder sufragar el coste de mantener a un hijo sin trabajar. Sin embargo, a partir de los años 70, con la caída progresiva del régimen franquista, las aulas se fueron abriendo cada vez más a las clases medias, las cuales pudieron poco a poco enviar a sus hijos a la universidad. El hecho de poder recibir una formación intensa, de calidad, supone tener un futuro mejor, puesto que según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), el desempleo entre los jóvenes con formación universitario alcanza el 18%, mientras que en términos globales supera el 50%.

El paso por la universidad no concluye únicamente con la obtención del ansiado título, sino que sirve como escuela de vida. Sin embargo, la llegada del Partido Popular a La Moncloa hace ya cuatro largos años provocó una oleada de recortes en lo que a Sanidad, Educación y Justicia se refiere. Evidentemente, las universidades no se iban a librar del tijeretazo. En el caso de la Universidad de La Laguna (ULL), las políticas excluyentes de la formación que encabeza Mariano Rajoy han provocado que cerca de 3.000 alumnos hayan tenido que abandonar esta institución debido a la subida de tasas aplicadas por el Gobierno de Canarias, que sigue las directrices del Ministerio de Educación.

Según la propia institución, el alto precio de los créditos es el factor determinante que ha conseguido echarlos del sistema, y desde la misma ULL reconocen que si aplicasen a rajatabla la Ley de Permanencia, aquella que obliga a matricularse de asignaturas pendientes aunque por cuestiones de tiempo sea imposible cursarlas, lo que también ha supuesto dificultades a muchos alumnos, sin que el actual equipo directivo mantenga una posición firme para su derogación, este número sería aún mayor. Este hecho es triste y duro puesto que supone truncar las esperanzas de miles de jóvenes que no podrán optar a mejores puestos de trabajo, o incluso a mejorar las condiciones de vida que les proporcionar sus progenitores, por el empecinamiento de unos dirigentes, necios y corruptos, quienes han utilizado su mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados como una apisonadora "democrática".

Esto solo responde a una política clasista, la del partido popular, donde lo único que pretenden es tener mano de obra barata a la que continuar pagando salarios miserables, y que además ahora cuentan con la legitimidad suficiente tras la aprobación de la reforma laboral. Un país sin jóvenes lo suficientemente preparados es una nación sin futuro, donde quienes gobiernan sean los mediocres.

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