Tomando el pulso

Aburrimiento electoral

10.11.2015 | 02:00

Otra vez elecciones y como siempre la misma reflexión: ¡A ver a quién ponen esta vez! Desgraciadamente a los mismos de siempre, más de lo mismo. Menos mal que a día de hoy, todavía podemos decir aquello de: "Hay políticos y políticos". Simplemente observando un poquito, apreciamos como muchos tienen amor al puesto demostrando que sin él, no son nada o casi nada. La pluralidad de las ramas a desempeñar no importa, para ellos todo es compatible, cosa por la que cualquier ciudadano de a pie, reflexiona: "No se puede estar en misa y repicando". Llegamos a la conclusión de que obtienen remuneración económica de muchos cargos sin dedicación plena como se ha dicho anteriormente. Muchos se asombran de la capacidad de trabajo de más de uno y se preguntan: ¿No hay más gente?, al ver a los mismos en las listas. Siempre repitiendo las mismas cosas, ¿no se cansan? Las nuevas generaciones de los distintos partidos, mejor se dedican a otra cosa, porque como dicen nuestros mayores, "viendo el andar de la perrita", se van a pasar la vida esperando a que los que los dejan sin opciones y les cierran el paso, cojan camino, suspirando: ¡A ver si es verdad! Se creen importantes e imprescindibles, nada más lejos de la realidad en el mundo en que vivimos. Son pocos los que dejan el cargo público y vuelven a su puesto de trabajo, llegando a preguntarse la gente: ¿Por qué será? Personas que les gusta que le hagan su trabajo y no dudan colgarse las medallas a vista de todos.

Por el contrario, la gente está cansada y provocan esa falta de ganas de ir a cumplir y ejercer su derecho al voto, llegando a preguntarse y: ¿Para qué vamos a votar? Ellos se apuntan en varias listas al mismo tiempo que desempeñan otro cargo, unos los vota para una determinada institución y ellos se van a la que más les conviene, no pensando, claro está, en los votantes que depositaron su confianza en ellos. En fin, hay que saber marcharse como un señor o señora, por aquello de la igualdad. Saber cuando un ciclo de servicio público llega a su fin, dejar paso a los que vienen detrás con nuevas ideas y conseguir que los ciudadanos sigan creyendo en estas personas, políticos de profesión algunos, donde como siempre, se dice el pecado pero no los presuntos pecadores.

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