Cantina ilegal

El sueño del Museo

08.11.2015 | 02:00

Hacía tiempo que no veía a mi amigo El Suspi. Quizás sea por eso que me dio una alegría enorme verlo entrar por la puerta de mi cantina la noche del pasado jueves cuando, a eso de las doce, me disponía a echarle el cerrojo después de una tarde bastante animada. Ya estamos en época de ensayos de los grupos del Carnaval y ya saben que mi negocio es un clásico en los momentos previos a los ensayos, así que, entre componentes de grupos y vecinos, el jolgorio en mi cantina a estas alturas del año está garantizado.

Venía El Suspi con un ejemplar de la opinión de tenerife de hace un par de domingos en el que se publicó el trabajo de una joven chicharrera, estudiante de arquitectura, que eligió como proyecto de fin de carrera la restauración de la Plaza de Toros y su conversión en el soñado y anhelado Museo del Carnaval. El hombre estaba entusiasmado porque la idea no solo era buena sino que el resultado del trabajo de Lara, que así se llama la joven, era espectacular. Hablamos durante un largo rato de lo que se ha soñado en nuestra ciudad con tener algún día un sitio que sea referente de la Fiesta más importante que se celebra en Canarias; un lugar donde exponer lo mejor de la misma y que a su vez, como reflejaba la obra de Lara, fuese un centro de exposiciones; un sitio donde se pudiesen celebrar espectáculos de Carnaval para visitantes, donde los grupos pudiesen celebrar sus presentaciones de disfraz, con salones donde celebrar debates, ponencias, mesas redondas€ Un trabajo de lo más completo. Lástima que todo esto se quedará en una continuación de ese sueño en el que los amantes de nuestras carnestolendas estamos inmersos desde hace tantos años. El coso taurino de Santa Cruz se encuentra totalmente en ruinas. Sus dueños solicitan un montante económico por su venta cercano a los seis millones de euros y eso, sumado al coste del proyecto de construcción del museo, lo hacen imposible para unas arcas públicas que aún se mantienen un tanto maltrechas por la crisis. No sé si nuestros nietos lo verán algún día. Para nosotros, mucho me temo que seguirá por muchos años siendo un sueño, el sueño del Museo.

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