Espacio jurídico

Omisión del deber de socorro

07.11.2015 | 02:00

E sta semana, ha llamado nuestra atención la Sentencia del Tribunal Supremo que condena a un médico a pagar una multa de 100.000 euros por haberse negado a asistir a una persona que padecía una insuficiencia cardíaca y que se encontraba en frente de la puerta del hospital, argumentando que no podía abandonar su puesto de trabajo en las urgencias del centro adscrito como médico.

Lo primero que debemos conocer es que en nuestro país, y en concreto en los artículos 195 y 196 del Código Penal, se incrimina la conducta de cualquier persona, con independencia de la cualidad profesional que tenga,que no socorriere a otra que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave, cuando pudiere hacerlo sin riesgo propio ni de terceros, así como la de la persona que impedida de prestar socorro, no demandare con urgencia auxilio ajeno. El TS considera que la denegación de asistencia sanitaria del artículo 196 CP es de aplicación al supuesto ante el que nos encontramos: médico que atendía el servicio de urgencias de un hospital, que se negó a salir para atender a un enfermo que se encontraba frente a la puerta de este, a pesar de que sabía de la situación de peligro y de grave riesgo para la salud de esta persona, que finalmente falleció.

Cabe destacar, además, que el tipo del artículo 196, sanciona al profesional que, estando obligado a ello, denegare asistencia sanitaria o abandonare los servicios sanitarios, cuando de la denegación o abandono se derive riesgo grave para la salud de las personas.

No existen en este supuesto, datos que disipen cualquier duda sobre la insolidaridad de la conducta o la dejación del cumplimiento de las funciones médicas; la prestación de auxilio era exigible, sin perjuicio de que sus esfuerzos pudieran resultar inútiles debido al fallecimiento objetivo e irreversible de la persona que necesitaba la asistencia; conocía las circunstancias de la inconsciencia no recobrada y en ningún momento tuvo la certeza de que su auxilio era inútil; tuvo noticia de los elementos que configuraban la situación crítica y no obstante ninguna asistencia prestó. De ahí, que la demostración ex post de la inutilidad de cualquier auxilio no hace desaparecer la infracción del deber de socorro, ya que la capacidad de prestación de auxilio se analiza desde un punto de vista ex ante.

Se trata de una denegación de auxilio para asistir externamente a una persona que se encontraba en situación de riesgo para su salud a unos 50 metros del centro médico donde el acusado desempeñaba sus funciones. La única justificación que podría alegar, derivada de la no exigibilidad de otra conducta, sería la de encontrarse, en el momento de ser requeridos sus servicios, realizando un acto médico cuyo abandono pudiera, a su vez, suponer un riesgo para el paciente que estaba atendiendo. No obstante, este supuesto no se da en el caso presente ya que según los datos, cuando el celador le avisó informándole de la situación que se vivía a escasos metros del centro, el acusado no estaba realizando ninguna actividad médica
La sentencia destaca, además, que ante una persona desamparada y en peligro manifiesto, el médico que atendía el servicio de urgencias se negó a salir del hospital sin que existieran riesgos propios o de tercero, pues meramente indicó que no podía salir del hospital, en alusión a su deber administrativo de permanecer en las dependencias del servicio de guardia. Y es que, para mayor gravedad del asunto, ninguna norma administrativa, permite diferenciar a paciente que es transportado a las dependencias de urgencias desde la puerta inmediata, a quien lo fuere desde otra puerta del hospital. Especialmente, cuando a tenor de los documentos gráficos aportados, no se trata de un complejo hospitalario de considerables dimensiones, donde las distancias o las características de los viales que lo circundan, integren especial impedimento. En este supuesto, no es el fallecimiento de la víctima el objeto de la indemnización sino la pérdida de oportunidad, así como la incertidumbre de que la actuación médica omitida pudiera haber evitado o mejorado el deficiente estado de salud del paciente. Es decir, el objeto de la indemnización, es la misantropía del condenado, en resumidas cuentas.

A modo de conclusión, todos y cada uno de nosotros tenemos un deber para con el resto de personas que comparten este mundo con nosotros: el deber de socorro y, en especial, existen determinadas personas que, por su cualificación profesionalostentan el conocido como "deber de garantes" cuya omisión, en ambos casos, aparte de denotar un terrible odio por el prójimo, está penado por nuestro Código Penal.
munguia@munguiaabogados.com

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