Nos vemos pronto, Ale; espero que muy pronto

06.11.2015 | 01:02

C uando ayer a media mañana empezaron a circular los rumores sobre la marcha de Alejandro Martínez lo primero que se me vino a la cabeza es que era 28 de diciembre. Solo una inocentada podía explicar que el principal culpable del renacer experimentado estos años por el CB Canarias dejara de ser su entrenador de golpe y porrazo. Cuatro derrotas y un grupo que parece no terminar de arrancar no bastaban. Al menos no para el Canarias. Y mucho menos para Alejandro, con un crédito de sobra y labrado a pulso durante más de una década. Por mucho que esos ciclos tan prolongados en el deporte profesional acaben generando un lógico desgaste.

Después de horas cargadas de zozobra y especulaciones –siempre más de las deseables y saludables para esta profesión de periodista– el preparador barcelonés de nacimiento pero tinerfeño de adopción y de corazón explicó sus motivos. Lo hizo con un escueto y conciso comunicado. Apenas minuto y medio de una alocución que salvó con fortaleza. Entereza difícil de sostener en un trance –para él tan poco frecuente como amargo– en el que además entraban en juego el factor deportivo y el personal. Por mucho que al instante Martínez ya irradiara alegría en su rostro la congoja reinaba en la sala de prensa del Santiago Martín después de una noticia difícil de digerir y asimilar para los que hemos tenido la suerte de compartir con Alejandro más de doce años de baloncesto. Con muchas más alegrías que tristezas, y en mi caso, con un par de roces –banales e irrelevantes– durante alguna de sus cientos de ruedas de prensa.

En apenas minuto y medio Alejandro se nos marchaba. Sin capacidad alguna de reacción para los que allí estábamos. Paso al costado en un momento delicado que honra a un entrenador que siempre ha ido de frente, que siempre ha estado presto a cualquier asunto que se le solicitara, y que todavía hoy sigue siendo la misma persona humilde de hace 13 años, sin importar la categoría en la que militara su equipo. Una retirada del técnico que apostó, a contracorriente, por un baloncesto valiente y descarado, por un preparador que ha impuesto un sello peculiar que tanto ha llamado la atención en toda la España baloncestistica. Un entrenador diferente en los banquillos y aún más singular fuera de ellos, con acciones sociales y humanitarias muy poco frecuentes en el deporte profesional. Nada de todo esto es discutible. Pero quizá sea ahora, con esta decisión que toma, cuando empecemos a valorar realmente su grandeza. Cuando comprendamos cuan importante ha sido para el baloncesto tinerfeño moderno Alejandro Martínez. Por todo, solo cabe una cosa, darte las gracias. Es lo mínimo. Pero no. Permíteme que no lo haga. Simplemente me las guardo para agradecerte que vuelvas a los banquillos. Y me gustaría que esa vuelta no tardara mucho. Nos vemos pronto, Ale; espero que muy pronto.

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