Tribuna abierta

Querido Rabinowicz

05.11.2015 | 12:15

Q uerido Yeikob, esta última semana fue una mierda, che: aunque nos avisaras, nos jodiste bien a todos. La tarde-noche en que supe que te habías marchado, casi sin mirar atrás, llovió e hizo frío por aquí, donde llevo un par de años sudando la gota gorda. Ni el vino te hacía entrar en calor. Tuve durante días a una mujer llorando en casa como una Magdalena; una mujer bonita y muy inteligente, que te quiere mucho y que te robé en el último momento por aplastantes circunstancias históricas: no nació en Argentina el año en que empezó la 2ª Guerra Mundial, sino en esta islita casi caribeña arrimada quizá al lado erróneo del Atlántico.

Decías que fuiste tomando cosas al azar para construir tu vida, desperdicios, porquerías, que por eso era frágil y en ella una sola lágrima tenía la fuerza de un tsunami. Imagínate tú las nuestras ahora, tan huerfanitas y empañadas viendo tu cara de pillo más de medio siglo atrás: esa que mantuviste hasta el último momento. "Me van a poner la válvula de un cerdo en el corazón. ¡Imagínate, a mí que soy judío!" Tanta ternura no puede quedar indemne.

Sé que hiciste todo para seguir viviendo, y hoy, los herederos plenipotenciarios de tus divinas inmundicias sentimentales, queremos que sepas que no te quedaste solo, que te queremos como eres: divertido, ingenioso, inteligente, escandalosamente desprejuiciado y libre, trabajador por cuenta propia, y poeta que regalaba la paciencia de decirle a tu Alby: "Me ha gustado mucho el poema pero hay unas pequeñas pavadas que se deben corregir". Una vez escribí un verso que te gustó: "Ahora ya nadie odia con tanto amor" y con ese odio y ese amor te odio y te seguiré queriendo, como tantos otros. Querido Yeikob, qué falta de seriedad, compadre, cómo se puede ser irónico hasta en el último minuto: "No se escandalicen, no se tiren de los pelos, no entren en pánico, no llamen al 111. Sigan su vida como si yo no existiese. Yo sé que les va a ser difícil, pero hay cosas que hay que afrontar." No me jodás, "señor respetable", viejito lector de Borges y Canetti. Quería ver contigo escenas de Groucho Marx, El Padrino I y tomarnos un café con Alby en Buenos Aires. Lo sabes muy bien, eres bueno y lo admitías haciéndonos sonreír: "Soy bueno porque no me queda otra alternativa".

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