De aquí y de allá

Florencio Hernández GalmésEscritor

05.11.2015 | 12:15

E n el caso de haber otra vida el agnóstico cree que, si no se molesta ni ofende al prójimo, en el cielo deben abundar los aprobados. Sus especulaciones dan lugar a estas conclusiones:

Primer mandamiento: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo: no se molesta a nadie: aprobado.

Segundo mandamiento: no jurarás el santo nombre de Dios en vano: no se molesta a nadie: aprobado.

Tercer mandamiento: santificarás las fiestas: no se molesta a nadie: aprobado.

Cuarto mandamiento: honrarás a tu padre y a tu madre: suspendido, con excepciones.

Quinto mandamiento: no matarás: suspendido.

Sexto mandamiento: no cometerás actos impuros: no se molesta a nadie: aprobado.
Séptimo: no robarás: suspendido.

Octavo: no dirás falsos testimonios ni mentirás: suspendido.

Noveno: no consentirás pensamientos o deseos impuros: no se molesta a nadie: aprobado.

Décimo: no codiciarás los bienes ajenos: aprobado mientras sólo los codicie, sin ocasionar molestias.

Tampoco contempla como suspensos: la lujuria, la gula y la pereza por no perturbar al prójimo. Ni siquiera la avaricia, la ira, la soberbia y la envidia son punibles si no machacan al vecino.

Sin embargo cree que un borracho, un drogadicto, una prostituta, etc., suspendidos por los hombres, podrían serlo también por Dios... a pesar de no molestar. El agnóstico ve el Derecho del cielo con la letra de la tierra. Cree que, bueno, si acaso se suspenderán los excesos, no los placeres puntuales que al fin y al cabo nos alientan a seguir viviendo.

Yo me alegraría de que fuera así porque no soy pájaro de mal agüero. Aprobaría sin duda a los borrachos y a los drogadictos, y hasta calificaría con un notable a las prostitutas por estabilizar al macho.

Por otra parte, ¿dónde empiezan los excesos? ¿Cuál es la cantidad exacta que determina la entrada en zona peligrosa?

...No importa. Dios no suspende por exceso o por defecto, sino por indolencia, por no esforzarse en mejorar. Para Dios sólo hay una manera de ejecutar las cosas bien... y mil, mal. Porque, inequívocamente, una es mejor que otra. Y como nos conoce y nos entiende aprueba que escojamos la opción número tres, los suspensos se remiten a que optemos por la número veintitrés.

Según la Iglesia -su representante en la Tierra-, visto lo difícil que es elegir siempre la número uno, tenemos necesidad de respetar el primero, el segundo y el tercer mandamiento. Sostiene, además, que para avanzar, peldaño a peldaño, en el escalafón de las opciones -cada uno en su estadio-, es conveniente asistir a clases de repaso... al menos los domingos.

florenciohdez@hotmail.com

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