Luz de luna

El feminicidio como cuestión de Estado

04.11.2015 | 02:00

L os políticos han convertido al feminicidio en otro referente de sus programas electorales, apostando por implementar una serie de medidas con el fin de tratar de frenarlo, si bien responden al oportunismo como forma de mostrar su preocupación hacia él y abrir un nuevo canal de recepción de votos que garantice su acceso o continuidad en el poder.

Todos se echan en cara que no se ha actuado de la manera correcta y que esos asesinatos se podrían haber evitado con intervenciones más contundentes hacia los causantes de la violencia de género, una muestra de que dan palos de ciego.

No basta con hacer una manifestación pidiendo justicia o una perfomance para recordarnos los nombres de las afectadas y el sufrimiento de sus familias porque tanto una como otra son fórmulas de expresión democráticas secundarias aprovechadas políticamente con el fin de demostrar que la sociedad rechaza esa violencia; en realidad, no se actúa sobre este delito, sino que se utiliza como propaganda para exteriorizar el supuesto grado de compromiso en esta lucha, pero no sirve para nada.

Si realmente quisiéramos cambiar las cosas, ya habríamos avanzado un paso más allá de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, en el sentido de afrontar este asunto como una cuestión de Estado, tal y como reclaman muchas asociaciones feministas, familias afectadas y colectivos de diversa índole. Esto supondría que aquel tiene que asumir que existe una situación de inseguridad entre las mujeres, que se tipifique el feminicidio en el Código Penal, y que se apruebe una verdadera ley integral de violencia de género que recoja todos los tipos de violencia contra ellas y no solo la que se produce en el marco de la pareja, tal y como se expresa en el libro Feminicidio, coordinado por Graciela Atencio y coeditado por la Fundación Baltasar Garzón y Libros de la Catarata.

Esto también nos serviría para tomar la iniciativa de crear una Corte Penal Internacional aplicado a este tema a modo del que ejerce su jurisdicción sobre las personas que hayan cometido crímenes y violado los derechos humanos más grave y de trascendencia internacional (crímenes de lesa humanidad, de guerra o de genocidio) con el fin de localizar y juzgar a feminicidas que actúan impunemente, ya que en determinados países se les da cobijo por gobiernos en los que este tipo de delitos son considerados secundarios o, simplemente, no están tipificado por sus leyes porque no se consideran como tales.

Por eso, hay que tomar decisiones y cambiar las actitudes de los políticos, que nos condenan a un estancamiento en este tema, como el ejemplo del Partido Socialista Obrero Español, preocupado únicamente por la estética de Pedro Sánchez, con un discurso que aboga por buscar algún tipo de solución, pero bajo lo cual subyace el acercamiento a las feministas a través de su iconografía de honrado trabajador, mientras que Ciudadanos manipula conscientemente la figura de la mujer, con un Albert Rivera rodeado de candidatas con un cuerpo modélico y labios sugerentes, a la par que una concejal de este partido en el Ayuntamiento de Valencia han rechazado una moción contra la violencia machista por considerar que utilizar el término "violencia patriarcal" y "terrorismo machista" criminaliza a los hombres.

Se llama asesinato de mujeres, término recogido en el diccionario de la Real Academia Española en 2014, y no se está haciendo nada contra ella, salvo sacarle tajada electoral y prometer en vez de actuar.

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