Tribuna abierta

Vuela alto, Jhonander

30.10.2015 | 09:48

He de confesar que llevo toda esta semana luchando contra la terrible noticia que nadie quería dar por cierta. El capitán José Morales, el teniente Saúl López Quesada y el sargento Jhonander Ojeda Alemán finalmente fallecieron tras sufrir un accidente el helicóptero en el que viajaban cuando regresaban de una misión en Senegal. Los sentimientos y las imágenes recorren mi mente y no tengo manera de ordenarlas ni detenerlas. La última vez que formé junto a estos tres valientes fue en noviembre del año pasado. El 802 se estaba recuperando de la terrible pérdida de cuatro compañeros, el capitán Daniel Pena Valiño, los tenientes Carmen Ortega Cortés y Sebastián Ruiz Galván, y el mecánico sargento Carlos Caramanzana Álvarez. Jhonander Ojeda, en cambio, salvó su vida milagrosamente. Para aquellos que reniegan y maldicen la milicia, aquí tienen una muestra más de lo que es el deber con la pérdida incluso de la vida. Atrás quedan infinidad de horas de vuelo, múltiples rescates en las condiciones más difíciles a las que ha de enfrentarse un piloto. No hay segundos para corregir. Un fallo te puede costar la vida. Pero claro, eso solo lo saben los que están dentro y sus familias. Familias que quedan partidas por el dolor y que nunca más volverán a ver a sus seres queridos.

Me vuelve a la memoria el cruce en uno de los pasillos del escuadrón entre Jhonander y este periodista en su periodo de activación. Al llegar a mi altura se cuadró y me dijo: "A la orden, mi comandante". No había recorrido unos metros cuando se giró y musitó: "¿Mi comandante o mi alférez?" y le respondí: "Gracias por el ascenso, pero alférez de momento". "Lo siento, mi alférez", dijo y continuó, esbozando ambos una leve sonrisa.

¿Sabes una cosa, Jhonander? A lo largo de toda esta semana han sido numerosos los medios, especialmente radiofónicos que me han preguntado acerca del accidente y, en particular, por tu figura.

Creyendo que os habíais salvado y regresabais a casa, Carlos Herrera apuntaba que si se tratase de él y hubiese vivido tu experiencia, no volvería a volar y limpiaría los cristales del Súper Puma. Desde la SER de Tenerife, Juan Carlos Castañeda también me dijo que no sabía si escapar por segunda vez de un accidente sería una suerte. Yo, que te conocí y sabía de tu espíritu aventurero señalé en el transcurso de la entrevista que, pudiendo dejar el vuelo, esperaste a que los médicos te diesen el alta para volver a volar. Y añadí, si a mí me tocara volar lo haría junto a ti. Por tu experiencia, por tus ganas de superación, por el terrible recuerdo de haber sobrevivido a un accidente en el cual perdiste a tus compañeros. Sin embargo, a muchos nos diste una lección. Ahora solo espero que donde te encuentres tú y tus compañeros disfrutéis del descanso eterno en compañía de quienes les precedieron. A buen seguro que la última tripulación que partió hacia esa misión os recibió con los brazos abiertos. Mientras, los compañeros del 802 seguiremos haciendo lo posible por dejar el pabellón bien alto.

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