Apuntes sobre comunicación

Tres usos que han cambiado

29.10.2015 | 02:00

A lgo cambia en el discurso político cuando se acercan las elecciones: de pronto el futuro promete ser mucho mejor, el fruto de los sacrificios parece comenzar a materializarse en augurios de bonanza y se aprueban o se prometen medidas que suponen verdaderos ´caramelos electorales´. Todo parece envuelto en una nebulosa de esperanza. Eso es, al menos, lo que intenta transmitir la clase política. La pregunta, ahora que un nuevo periodo de campaña acecha, es: ¿Siguen funcionando las tácticas que emplean para vendernos esas ideas?

Dicho de otro modo, quienes nos dedicamos a la comunicación y al periodismo nos preguntamos si las técnicas de comunicación política que se vienen utilizando desde hace décadas necesitan renovarse porque han dejado de ser efectivas. Y la respuesta es un rotundo ´sí´.
Para pruebas, no hay más que analizar el debate que La Sexta emitió entre Albert Ribera y Pablo Iglesias -que no entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, ahora en un segundo plano-. Se llevó a cabo en una simple cafetería: sin turnos de palabra, sin gráficos, sin corbatas ni respuestas enlatadas. De repente, los usos cambian y los medios de comunicación recogen el testigo de lo que se gestó en primer lugar en las calles. ¿Simple moda o nueva forma de comunicarse?

De momento, lo cierto es que, cuando se analiza el discurso de la opinión pública, es fácil concluir que el clima general es de incredulidad: se sabe que muchas medidas encierran ´letra pequeña´, no se confía en el discurso político y se identifican sus huecos o vacíos con más claridad que nunca. Los debates políticos tal y como se venían desarrollando se perciben por la opinión pública como un circo donde no existe diálogo ni comunicación, sino más bien un monólogo prediseñado que no aporta mucho más que la lectura de un panfleto.

Todo eso se nota, y mucho, y provoca un rechazo generalizado hacia todo lo relacionado con la política ´clásica´. El auge de formaciones como Podemos -se esté o no de acuerdo con su ideario- lo demuestran, y obligan al resto de partidos a mirarse el ombligo y replantearse su estrategia comunicativa.

¿Cuál será la respuesta? El tiempo lo dirá, y los primeros síntomas de un cambio de paradigma comienzan a producirse. De momento, hay al menos tres aspectos clave que prometen cambiar para siempre el mundo de la comunicación política:

1. Información vs. diálogo con el ciudadano. Se podría decir que, en comunicación política, muchas veces no hay comunicación: el flujo de información es unidireccional, vertical, de políticos a ciudadanos y con muy pocas posibilidades de interacción en sentido ascendente.
Es cierto que las campañas electorales se basan en estudios que recogen qué preocupa más a la opinión pública, y que desde ahí se diseñan las propuestas de cada partido que se ´bombardean´ luego durante la campaña electoral. Pero los votantes quieren más: quieren participar directamente en la toma de decisiones, contar con información transparente que puedan analizar y valorar por sí mismos, y poder aleccionar al legislador sobre lo que realmente es importante.

También se exige diálogo dentro de los propios partidos: la opinión pública percibe estas estructuras como opacas, jerarquizadas y casi ´militares´, donde la disciplina de voto y de criterio castran el ascenso de cualquier idea que se salga del esquema. Se produce la paradoja de que los partidos de la democracia no funcionan internamente de forma democrática.

2. La importancia del social media. Las redes sociales han modificado para siempre la forma en que nos comunicamos, acercando a personas de condiciones muy distintas pero con afinidades y preocupaciones similares y permitiéndoles crear comunidades virtuales que luego se ´materializan´ a través de manifestaciones, estructuras organizadas, etc. El 15-M es un clarísimo ejemplo de ello.

Además, se abre un canal de comunicación directo con cualquiera. Repetimos: con cualquiera.Es posible escribir un tuit al presidente del Gobierno o denunciar en la página de Facebook de mi Ayuntamiento una situación que merece ser atendida. Como consecuencia, el político ya no puede (desde luego, no debe) permanecer aislado de la realidad que le rodea.

El resultado es que la democracia directa o, como mínimo, la participación y el control de los ciudadanos en la democracia indirecta, es hoy un poco más factible.

3. La cercanía inundará el discurso político. De pronto comienza a ascender ´sangre nueva´ a la directiva de los partidos políticos, se humaniza el discurso y se habla de los problemas de todos. Es posible que el trasfondo sea el mismo y que sigan sin proponerse medidas que solucionen los problemas ´reales´, pero los partidos tradicionales comienzan a entender que tienen que ´bajar de las alturas´, al menos formalmente, si quieren seguir siendo una opción.

Eso sí, ello pasa -o debería pasar- por atender de forma real a las preocupaciones de los ciudadanos, que hoy en día tienen mucho que ver con garantizar derechos básicos: un trabajo digno, una vivienda, poder llegar a fin de mes sin que los impuestos se coman tu sueldo€ Nada pretencioso, a decir verdad. La opinión pública tiene cada vez más claro que la política tradicional les ha dejado de lado incluso en lo más esencial, y desconfía -mucho- de ella. Queda un largo camino por recorrer hasta lograr cambiar esta tendencia.

Twitter @LuciaSicre http://www.sicrecomunicacion.com

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