Luz de luna

La discapacidad, la enfermedad y la muerte como reclamos políticos

20.10.2015 | 23:46

L a semana pasada el Partido Popular (PP) nos quiso demostrar que la situación de crisis de este país es agua pasada producto del esfuerzo de su Gobierno, que ha luchado denodadamente por sanearlo y devolverle la credibilidad para seguir avanzando como una potencia dentro del espectro europeo. En su nuevo vídeo electoral trataba metafóricamente este tema, pasando de una imagen negativa, proyectada en una mujer que era atendida con carácter urgente en un hospital, a otra totalmente opuesta, escenificada en la misma persona que, después de unos determinados años y fruto tanto de su esfuerzo como, sobre todo, de la entrega de los médicos que la atendían, lograba recuperar su esencia, una segunda oportunidad para seguir disfrutando de esta vida.

No voy a entrar en detalles sobre la mentira que subyace en todo lo que se cuenta en él, pero sí quiero recordarles que se trata de una copia del que se realizó en la República Dominica cuando era presidente Leonel Fernández, perteneciente al Partido de la Liberación Dominicana, el cual aparecía en la campaña de 2008 transmitiendo ese mismo mensaje de salvador de la patria gracias a su trabajo intenso y al compromiso adquirido con ella, fruto de lo cual revalidó su mandato.

Lo que considero una falta de ética es escenificar coyunturas alusivas a discapacidades, enfermedades y situaciones al borde de la muerte con el fin de utilizarlas para manipular a conciencia al telespectador. No debemos mermar nuestro espíritu crítico ante productos como este porque detrás se esconde un tremendo esfuerzo por hacer aflorar un sentido de culpabilidad vinculado a una circunstancia determinada, que en nuestro caso es la referida crisis, de la cual logramos salir gracias a esa intervención de un partido y un presidente que supieron reaccionar con medidas adecuadas.

Tampoco era necesario mostrar el infierno de un hospital ni lo denigrante de un paciente en su fase de recuperación ayudado por fisioterapeutas, pero había que ahondar en la llaga, remover conciencias, mostrar que cualquier bache en la vida se puede superar, aunque a costa de incidir en el miedo, la pérdida de voluntad, la desesperanza y la incertidumbre, todo aquello que mostrase negatividad para cocinarlo a fuego lento. Se trataba de una estrategia perfecta para resumir todo lo que había pasado estos últimos años, pero no se tuvo en cuenta los sentimientos de quienes han pasado realmente por ese trance.

Lo que se buscaba a toda costa era incidir en las sensibilidades de los potenciales votantes, sobre todo en los indecisos y en los que basculan entre el bipartidismo. No hay mejor mensaje que aquel que llega directo al corazón, mostrando lo que supone estar a las puertas de la muerte, ver cómo se pierde la musculatura de tu cuerpo hasta volverte un ser que casi tiene que arrastrarse para mantener algo de movilidad, estremeciéndote cuando el sufrimiento se convierte en tu compañero de viaje y la soledad es una pesada losa de la que no te desprender. Nos gusta mirar y regodearnos en la angustia de los demás, ver cómo sus caminos están llenos de dificultades y obstáculos, y sentir una falsa lástima, que esperemos que nunca llame a nuestras puertas. Nosotros le dimos la idea; ellos, simplemente, sacaron tajada.

Estos y otros muchos políticos deberían pasar una temporada en los hospitales respirando el ambiente a enfermedades y defunciones, la desesperación que secuestra el aire, y los pensamientos de todos los que están allí dentro, golpeados por el océano que rompe contra el acantilado, para entender la seriedad y respeto que debe profesárseles tanto a los profesionales que trabajan en Sanidad como a los propios pacientes y familiares, y no hacer de estos pormenores un negocio político.

Hay que mantener íntegra la dignidad y honor de las personas, eso que tanto han criticado los políticos del PP, para los cuales cualquier comentario que se les haga sobre la religión cristiana supone profanar las creencias de millones de españoles. Pero cuando se quiere seguir en lo más alto del poder, no se tiene en cuenta nada ni a nadie.

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